Paco in America es la historia de mi viaje por América Latina. Comenzó en Brasil, el 21 de Enero del 2009. Ahora vivo en Buenos Aires (Argentina), donde encontré un trabajo .
admin on 9 August 2010

Amaneció soleado como los días anteriores y a las siete ya estábamos en marcha hacia nuestro destino. Al poco de empezar ya nos tocó cruzar por primera vez el Buritaca. El agua llegaba más arriba de la cintura y la corriente era importante pero allí había una cuerda y estaban los guías para echar una mano.

Cruzando el Buritaca

Cruzando el Buritaca

Después, una subida importante hasta llegar a un punto desde el que se tenía una vista fantástica y la oportunidad de ver de cerca un pueblo Kogi. Los Kogi son los indígenas del lugar, descendientes de los Tyrona y ligeramente más civilizados que sus colegas que andan perdidos en lo alto de la sierra.

Llevan botas, algunos usan teléfonos móviles y están hasta las pelotas de ver como los gringos se pasean por su jardín, pero aún conservan sus costumbres ancestrales. Viven hacinados en unos cabañas bastante cutres llamadas bohios. Unos cuantos bohios forman un poblado. Cada poblado tiene un jefe y, como era de esperar, un chamán que hace de doctor y consejero espiritual.

La vida de los hombres Kogi es cuanto menos curiosa. En cuanto cumplen 18 años, se les hace entrega de una movida muy peculiar llamada poporo, una especie de recipiente alargado de madera. En él ponen una mezcla de ojas de coca y moluscos machacados que se han molestado en traer desde el mar. Lo consumen mojando un palo en el fondo. El efecto de la mezcla es el de anular casi completamente la necesidad de comer y dormir, pero parece ser que, con el transcurrir de los años, les acaba destrozando la boca también.

Indígenas Kogi

Alí con un poporo

Es el poporo un objeto fundamental en la vida del Kogi. Aparte de consumir coca en él, se dedican a grabar en su superficie acontecimientos importantes de su vida. Cada cierto tiempo además, tienen que ir a contarle al chamán lo que han venido haciendo últimamente, una costumbre bastante parecida a eso que hacen los católicos muy creyentes que confiesan sus pecados al sacerdote.

Así que el hombre Kogi se pasa el día con sus colegas “poporeando” mientras que la mujer Kogi se pasa el día currando a saco. La única obligación de ellos es dejarlas embarazadas a ellas constantemente para que la población crezca. De hecho, cuando una mujer llega a ser demasiado mayor como para no tener hijos, al Kogi le está permitido hacerse con una más joven con tal de seguir procreando.

Tanta ansia por aumentar la familia se debe a que más de la mitad de los niños Kogi que nacen palman en sus primeros años de vida a causa de las penosas condiciones de higiene en las que viven. Los que sobreviven tampoco duran mucho más. La esperanza de vida media de estos indígenas es de unos cincuenta años, lo cual no sorprende teniendo en cuenta que su sanidad pública se basa en un chamán viejuno que utiliza sólo medicinas naturales.

Niñas Kogi

Niñas Kogi

Que tu mujer haya dejado de ser fértil no es la única forma de conseguir un trío en el mundo Kogi. La poligamia no está aceptada en general pero el que parte el bacalao aquí es el jefe del pueblo y si él dice que un hombre puede tener dos mujeres eso va a misa. Por consiguiente, el Kogi listo se hace colega del jefe del pueblo, llevándole los mejores venados que caza y haciéndole regalos varios para conseguir ese trato preferencial.

No es ninguna trola nada de esto. Varias veces en nuestro camino nos cruzamos con un Kogi que llevaba detrás a una viejunilla y detrás de ella a una jovenzuela. Nos miraban con una mezcla de pasotismo y resignación. Supongo que a nadie la hace gracia que te contemple una banda de turistas como si fueras un animal de zoo pero también supongo que los Kogis agradacen la plata y la comida que les daban nuestros guías.

Kogi

Kogi

Y es que por mucha tradición y vida pintoresca que tengan, la verdad es que se les ve bastante deteriorados a los Kogi. Flacos como palos y con cara de pasar más hambre que el que se perdió en la isla. Uno de estos días que estábamos desayunando apareció un niño Kogi por el campamento y en cosa de un par de minutos se comió como cinco restos de sandwiches que habían sobrado.

Pero dejemos de momento a los Kogis y volvamos al trekking que, después del primer cruce del río se convertía en una sucesión de subidas y bajadas por los cerros de la Sierra Nevada de Santa Marta. Hora y media después había que cruzar de nuevo, esta vez ocho veces casi consecutivas.

Starway to heaven

Stairway to heaven

Algunas más fáciles, otras más difíciles, dependiendo de la profundidad y de la corriente. Supongo que les resultó complicado hacer que el camino siguiera constantemente una sóla de las orillas del río. En cualquier caso, se agradecen los cruces que le refrescan a uno del calor de la caminata.

Tras cruzar por novena vez el Buritaca aparece una escalera de piedra que arranca justo en la orilla del río. Aún cuando ya sabías que lo ibas a encontrar, resulta increíble ver aquello allí en lo más profundo de la jungla, rodeado de verde por todas partas. Me imagino lo que debió de flipar el primer tipo que tropezó con aquellos vestigios de civilización en mitad de la nada.

Es la famosa escalera que construyeron los Tyrona para llegar a su capital, a la ciudad que los arqueólogos llamaron Buritaca 200. Al igual que Machu Pichu, este lugar siempre estuvo fuera del alcance de los codiciosos conquistadores y no fue hasta 1973 que se tuvo conocimiento de su existencia.

Estábamos ya muy cerca del objetivo del trekking, de la recompensa a tres días de caminata, calor y mosquitos. Sólo 1200 escalones nos separaban de la Ciudad Perdida…

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admin on 8 August 2010

La Ciudad Perdida. Sólo el nombre del lugar ya sugiere de qué va el asunto. Para algunos lo más cerca que se puede estar de ser Indiana Jones por unos días. Para otros el trekking más duro de América del Sur. Un lugar al que sólo se puede llegar a través de un camino embarrado que serpentea a través de la Sierra Nevada de Santa Marta, atravesando nueve veces el río Buritaca.

La aventura se contrata desde Santa Marta o Taganga y las agencias lo ofrecen en cinco o seis días, muy excepcionalmente en cuatro. El precio se puede negociar un poco pero oscilará entre los 400.000 y los 450.000, en Agosto del 2010. No es caro, teniendo en cuenta que eso incluye el transporte, un par de guías, alojamiento y comida para hasta seis días y no hay que pagar nada más allí.

El primer paso es un recorrido bastante infernal de 12 km de carretera muy deteriorada en un jeep hecho mierda, hasta el punto que por momentos uno de los guías se tuvo que sentar en una de las ruedas de adelante para nivelarla.

Aquello era una sauna porque íbamos doce gringos metidos en aquel mínimo espacio. Como siempre un ambiente mayoritariamente anglosajón: tres australianos, cinco ingleses, un belga, una holandesa y un cubano-italiano. Venía pensando en aquellla furgoneta, y no por primera vez, lo diferente y seguramente bastante menos social, que hubiera sido mi experiencia en este viaje si no hablara inglés. No exagero cuando digo que seguramente paso más tiempo hablando la lengua de Shakespeare que la mía, lo cual es cuanto menos chocante teniendo en cuenta por donde viajo.

El grupo

El grupo

Llegamos por fin al punto de partida del trekking. Un lugar llamado de Machete Pelao. Posteriormente me contaría el guía el porqué de tan curioso nombre. Al parecer, en los tiempos de apogeo del cultivo de coca en la zona, los campesinos enriquecidos bajaban totalmente puestos al pueblo, se colocaban y emborrachaban allí aún más y, como suele ocurrir en estos casos, acababa habiendo peleas que, en este lugar no son a base de pacíficas hostias sino a machete pelao.

Sierra Nevada de Santa Marta

Sierra Nevada de Santa Marta

Es un sitio con mucha historia esta Sierra Nevada de Santa Marta. Originariamente la habitaban unos indígenas llamados Tayrona, de los que ya hablaré más adelante. Posteriormente pasaron por allí cazadores de tesoros, mafiosos traficantes de cantidades ingentes de marihuana y cocaína, guerrillas y paramilitares.

Precisamente en el 2003, uno de estos grupos guerrilleros secuestró a un grupo de turistas en la Ciudad Perdida, armando un quilombo internacional importante. Algunos lograron escapar inmediatamente, otros disfrutaron de unas maravillosas vacaciones de varias semanas buscando más ciudades perdidas por la jungla, cortesía de la guerrilla colombiana.

Hoy en día los cultivos de coca y marihuana han sido erradicados por el Plan Colombia y sustituidos por cosas más inocuas como cacao o café, y la presencia del ejército es constante. Hay varios puestos de vigilancia distribuidos por la sierra y un destacamente permanente en la Ciudad Perdida que hacen que uno se sienta seguro.

Trekking a Ciudad Perdida

Trekking a Ciudad Perdida

Volviendo al trekking, los primeros dos días transcurrieron sin demasiados acontencimientos y, a decir verdad, sin demasiado esfuerzo. Sí vale, había algunas cuestecillas, el sol pegaba y los mosquitos daban por culo pero de ahí a decir que es el trekking más duro de Sudamérica… Va a ser que no. Esos dos días se pueden juntar perfectamente en uno y el asunto se puede liquidar en cuatro días.

En cualquier caso llevábamos un grupo grande y variado y cada uno llevaba su ritmo con lo que supongo que hubo gente que agradeció el ritmo más pausado. También es verdad que tuvimos una suerte increíble con el tiempo. El tour a la Ciudad Perdida es famoso por las dificultades que plantea la lluvia que deja el camino hecho una pena y muy difícil. A nosotros, sin embargo, no nos llovió casi nada y, cuando lo hizo, fue cuando no molestaba, por la noche.

Los días amanecían con un cielo azul despejadísimo y luego se nublaban por la tarde pero no llovía hasta que ya estábamos a cubierto en los campamentos. Éstos además resultaron ser muchísimo mejor de lo esperado. El primer día dormimos en hamacas con mosquiteras y mantas. El segundo en camas. En ambos casos había un área común, mesas y baños. Vamos, que me parece a mí que Indy lo tuvo bastante más difícil cuando se arrastraba por la jungla perseguido por indios hijos del mal que se lo querían comer con patatas.

Produciendo coca

Produciendo coca

En el primer campamento, además, había un tour opcional que optamos por hacer unos cuantos: una visita a un laboratorio de cocaína clandestino. Suena más emocionante de lo que es, la verdad. Un colombiano con aspecto de llevar toda su vida dándole al polvillo blanco nos llevó a un pequeño cobertizo donde tenía todos los ingredientes para fabricar la pasta base de la coca. Allí no se producía nada sino que estaba claramente montado para sacarle unos pesillos adicionales al gringo. Fue interesante, no obstante.

Resulta sorprendente lo fácil y rápida de producir que es. Con unas cuantas hojas de coca y cosas no muy difíciles de conseguir como cal, sal, ácido sulfúrico y algunos productos químicos más, te sale la pasta base en un momento. Nuestro amigo Pablo Escobar nos la dió a probar, fumada y en cuchara. No te vas a colocar con eso. Para llegar a la auténtica cocaína hace falta otro proceso químico más complicado que se hace en otro lugar. Lo que nosotros vimos fue el primer paso de la cadena productiva del polvillo blanco.

Cucharada de coca

Cucharada de coca

Hecha la gringada del día, seguimos con el trekking, con calma y parando cada dos por tres para que el guía nos contara batallitas, para darnos un baño, para comer fruta… El paisaje era bastante espectacular en algunos puntos. Ciertamente impresionan esas montañas enormes cubiertas de un verde densísimo que se extienden por todas partes. Más aún cuando uno va conociendo cosas sobre el lugar.

La Sierra Nevada de Santa Marta es el sistema montañoso más alto cercano al mar. A sólo 30 km de la cosa se alzan dos picos de casi 6000 km de altura, el Simón Bolivar y el Cristobal Colón. Evidentemente pregunté como iba el tema para subirse a la cima de estos dos colegas. Resultó que a día de hoy es una gestión realmente complicada.

Por increíble que parezca, en esa parte remota de la sierra, existen aún pueblos indígenas totalmente vírgenes, que jamás entraron en contacto con el hombre blanco. Es una zona vetada y ni siquiera los guías que nos llevaban habían estado por allí. Me contaba Alí, nuestro guía, que para llegar tan alto habría que negociar primero con los jefes del lugar. Pensé en aparecer por allí con unas cuantas botellas de ron a ver si alguno me subía hasta la cumbre pero descarté la idea rápidamente. Esto significa que, lamentablemente, no podré cumplir mi objetivo de escalar una montaña de más de 5000 km en cada uno de los países por los que pase.

Hablando de Alí, sin lugar a dudas el mejor guía que he tenido jamás. El tipo era un auténtico profesional, nada que ver con el alegre pero irresponsable Jory. El hombre se desvivía con nosotros y estaba siempre pendiente de todo lo que pasaba y de que a nadie le faltara nada, hasta el punto de llegar a ser sobre-protector por momentos.

Y es que, salvo la jugada del hacinamiento en el jeep, y el hecho de que nos juntaron con otro grupo y acabamos siendo viente, la agencia cumplió con creces. He estado en pocos tours donde las comidas sean tan espléndidas y abundantes. Siempre había de sobra en desayunos, almuerzos y cenas, y en las paradas que hacíamos para descansar en el camino siempre aparecían como salidas de la nada deliciosas piñas o sandías. Francamente, creo que más que adelgazar, en el supuestamente trekking más duro de Sudamérica, engordé.

La verdad es que, con más o menos sudor derramado, ambos días llegamos bastante enteros al final de la jornada, con mucho tiempo por delante para no hacer nada salvo tirarnos en las hamacas, jugar a las cartas y ponernos ciegos a comer. Quedaba no obstante la última jornada, la más dura, la de los ocho cruces del Buritaca, la de los 1200 escalones que hay que subir antes de llegar a la Ciudad Perdida..

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admin on 5 August 2010

Davis me miró con cara de preocupacíón desde el otro lado de la garita militar. “Tío déjalo, vámonos”. No, de ninguna manera. Esto no puede quedar así. Es un atropello, una catástrofe, una desgracia, un abuso de autoridad. No pienso dejarlo pasar.

Aquella mañana habíamos partido hacia el Parque Tayrona todo felices, cargados de provisiones y con ganas de pasar un par de días disfrutando en las supuestamente memorables playas caribeñas de uno de los parques naturales más famosos del país.

Parque Tyrona

Parque Tyrona

Desde Taganga se puede ir en una lancha rápida pero cara (unos 30.000 pesos), u optar por la vía larga pero barata que consiste en pillar un bus a Santa Marta y luego otro a la entrada del parque. En total la jugada sale por unos 7.000, incluída otra camioneta que te avanza 5km de caminmo dentro del parque hasta el sendero donde empieza el trekking.

Antes de eso nos tocó pasar por caja y soltar los desmesurados 34.000 pesos que cuesta visitar el Parque Tayrona. Hay precio reducido para estudiantes de 7.000 que traté de conseguir desesperadamente pero desgraciadamente sólo aplica a menores de 25 años. Hay que joderse.

Desde donde te deja la furgo son unos 45 minutos de camino embarrado por un bosque espesísimo hasta llegar a la playa. En mi opinión merece la pena ir por la ruta larga porque así se experimenta mejor lo que seguramente es lo más característico de este lugar: la combinación de selva y mar. Las playas en el Parque Tyrona están rodeadas por los primeros cerros de la Sierra Nevada de Santa Marta que están totalmente petados de vegetación tropical. Aquello es una manta de verde intensisimo que se precipita en el mar desde las alturas de la Sierra.

Una vez en la playa se sigue casi una hora más hasta llegar a un lugar llamado Arrecifes, donde uno puede pasar la noche en hamacas. Sin embargo la mayoría de los mochileros sigue una media hora más hasta llegar al Cabo de San Juan, en el extremo del parque.

Cabo de San Juan

Cabo de San Juan

Allí hay un área de camping, hamacas y… una garita militar en la entrada donde hay que inscribirse y elegir si uno va a dormir en tienda o en hamaca. Hay allí también un militar colombiano cuya función es revisar los equipajes de los gringos para evitar que se introduzcan sustancias no permitidas en el lugar.

Problema, el alcohol no está permitido en el Parque Nacional Tyrona. Sí la cerveza o el vino, que incluso te venden dentro pero no los pelotazos en condiciones. El registro es municioso y el miliko no tarda en descubrir mi botella de litro de Medellín Viejo. Ya la hemos liado…

En realidad éramos conscientes cuando compramos ese ron de la ley seca de Tyrona. Pero habíamos oído que los registros no eran muy estrictos y, además, que si encontraban algo simplemente lo confiscaban y te lo devolvían a la salida. Una vez más, la información que nos habían dado no era buena.

Nuestro buen amigo vestido de verde nos dice que nos olvidemos del Medellín Viejo, que ese ron queda incautado. Que no nos lo piensa devolver a la salida. Nooooooo! Hijo del mal! ¿incautado? Una mierda, fijo que se lo va a bajar él, o si no acabará en el hígado de alguno de sus superiores. Básicamente vamos a financiar la borrachera del ejército colombiano.

Ante tan trágica pérdida protesto todo lo que puedo y más. Básicamente le vengo a decir al pavo que me devuelva el ron a la salida, me deje pirarme con él y paso de quedarme allí o, en último caso, vacío la botella en el suelo y que se quede con el casco. Evidentemente no le sirve ninguna de las opciones. El hijo del mal seguro que ya se está imaginando a sí mismo poniéndose ciego a ron cortesía de los gringos capullos. Cabrón abusivo.

El tono de la discusión sube y Davis que lo está viendo desde fuera me mira con cara de circunstancias. De pronto me doy cuenta de que me estoy encendiendo un poco demasiado con un tipo que va armado hasta los dientes en un país donde el ejército no es un asunto a tomarse a la ligera.

Así que relajo el tono del discurso y empiezo a hablarle a mi colega militar del mochilero pobre que soy, de lo caro que me ha resultado llegar allí y de la gran ilusión que me hacía tomarme un ron a la vista del hermoso mar Caribe de su hermoso país. Él me contesta con la típica mierda de que yo no soy quien pone las reglas, que si mi familia no puede entrar gratis al parque, que si la abuela fuma…

Me pide el pasaporte para hacer el procedimiento de incautación pero yo le sigo braseando conque para mí perder un ron es como perder un hijo, que las personas (y los rones) están por encima de las reglas y de la política, que en un mundo feliz los dos nos bajaríamos el ron como amigos en lugar de estar discutiendo por tan poca cosa.

En esto que noto que el tipo me va apartando de la entrada y por consiguiente del resto de turistas que circulan por allí. Es una buena señal. Su tono se va poniendo más razonable y la frase clave no tarda en llegar… “Bueno amigo, yo te puedo cooperar a tí si tú me cooperas a mí”. Aaaaamigo, ahora estamos hablando de verdad…

La primera oferta no le vale, 5.000 pesos es poco para el cabrón corrupto y avaricioso. Subo a 10.000 consciente de que ese Medellín Viejo de litro me costó 35.000. Eso sí que le vale. Acordamos que al día siguiente yo le daré la plata y él a mí el ron.

Y así fue como pagué mi primer soborno en Sudamérica por un motivo, seguro que me comprendeis, perfectamente justificado. Hay dos formas de ver este asunto. La primera considerando que he recuperado 25.000 pesos. La segunda considerando que he pagado 10.000 pesos para pasear una botella de ron hasta el Parque Tayrona. Hago un gran esfuerzo para convencerme a mí mismo de que la primera es la buena.

Cabo de San Juan

Cabo de San Juan

Tras este pequeño trámite administrativo entramos por fin en Cabo de San Juan que, a primera vista, no nos causa una gran impresión. Es uno de estos sitios excesivamente petados de gringos, allí hay más gente que en la guerra. Hay una zona de hamacas que parece un barracón del ejército, tiendas de campaña diseminadas por el lugar y un chiringuito con precios abusivos.

Hay dos playas bonitas sí, pero no muy grandes teniendo en cuenta lo poblado que está el sitio. Lo mejor de Cabo San Juan es sin duda un cerro que se alza al borde del mar. En lo alto hay un bungalow con unas cuantas hamacas que cuestan un poco más que las demás y sólo los que llegan muy temprano por la mañana pueden pillar. El resto, normalito. El tiempo tampoco acompaña. El cielo gris como lo hemos tenido casi todos estos días.

Al menos vamos haciendo amigos en seguida. Están allí dos americanas que conocimos en Calí y el inevitable argentino sociable con los que pasamos la tarde tranquilamente. Las yanquis resulta que han venido cargadas de un vino que es malo como él sólo pero es lo único que tenemos a mano así que nos lo bajamos jugando al parchís y a las cartas.

En un momento dado Davis y yo desaparecemos para darle, por primera y última vez en este viaje, al producto nacional más famoso del país que traíamos de Taganga. A punto había estado de detectarlo el miliko en su revisión, lo cual nos hubiera causado seguramente problemas más graves que los del ron pero, afortunadamente, eso sí era fácil de esconder. El resultado es algo decepcionante a decir verdad. Como en las escasas ocasiones en que probé anteriormente, el efecto fue bastante mínimo.

O quizás no porque al cabo de un rato, cansados de beber ese vino peleón de mierda llegamos a la conclusión de que tenemos que recuperar nuestro ron sea como sea. Vamos a ver si nuestro amigo el sargento corrupto está dispuesto a negociar ahora que es de noche y nadie nos ve. Nos vamos a por él convencidos de que es una brillante idea…

Cuando lo encontramos lo primero que hace el hijo del mal es registrarnos a fondo como si pensara que vamos a atentar contra su vida. Va con otro miliko patrullando el área cual Torrente en Marbella pero, cuando se quiere dar el cuenta, el hombre tiene a Davis dándole la brasa en una oreja y yo en la otra. El tipo debió de sentirse como si le tuvieran rodeado las FARC. Que si el Caribe, que si la amistad entre pueblos, que si las mujeres bonitas de Colombia… Sargento corrputo se ablanda y por 2000 pesos adicionales el ron vuelve a nuestro poder esa misma noche. Oh yeah!

Ahora sí me cuadran un poco mejor los números. Hemos pagado ese ron unos 5 euros más caro para poder beberlo en aquel lugar en el que no está permitido beber. La noche con ron es otra cosa y acaba resultando muy divertida, baño nocturno incluido.

Ocurre un fenómeno bastante curioso por estos lugares y es que en la mayoría de las noches se suceden relámpagos constantes, sin trueno que los acompañe. De pronto se ilimuina todo como si alguien desde arriba hubiera disparado una foto con una cámara gigantesca y un flash super potente. Resulta espectacular siempre que sucede pero aún más cuando uno está metido en una playa caribeña en plena noche con un buen número de rones en el cuerpo :)

Cabo de San Juan

Cabo de San Juan

El día siguiente amanace con buen tiempo pero con malas noticias. Me despierta antes de tiempo un dolor importante en el oído izquierdo. Trato de ignorarlo y pasamos el día en el agua hasta que el tiempo se jode y empieza a llover a saco. Todo los gringos acaban apelotonados en el escaso refugio que ofrece el chiringuito.

En estas Davis se pira a Taganga en el bote rápido porque tiene que enlazar con su vuelo a Bogotá. Concluye oficialmente mi tramo de viaje acompañado. Tres semanas después vuelvo a ser un viajero solitario. Me despido de Davis, un tío grande con el que siempre puedo contar para este tipo de aventurillas :)

A la que voy volviendo yo por la ruta larga a Taganga el oído va a peor. Me voy al centro de buceo y allí me dicen que lo que tengo es una otitis, una infección producida por el agua muy frecuentemente padecida por buceadores. Es dolorosa de cojones pero sólo dura unos días duante los cuales me tengo que mantener alejado del agua, echarme unas gotas en el oído y tomar antiobióticos. Paso una noche de mierda con un dolor terrible, de los peores que he experimentado. Menos mal que era un sólo oído, llegan a ser los dos y me hubiera querido morir.

La otitis de los cojones me costó un día de viaje. En las condiciones en que me levanté el día siguiente no daba para empezar el trekking de la Ciudad Perdida, ni para meterme en un bus de 10 horas hacia el extremo Norte del país que era mi plan alternativo.

Afortundamente lucía un sol cojonudo así que convertí aquel día en una jornada de descanso y playita. Me quemé como siempre y recuperé fuerzas de cara a la siguiente jugada que era de las marcadas en rojo en mi itinerario: La Ciudad Perdida de los Tayrona, uno de los trekkings más espectaculares y duros de Sudamérica…

Concepto Pesos Colombianos Euros
Taganga - Tyrona en lancha(x trayecto) 30000 12
Taganga - Tyrona en plan barato 3 42
Entrada Tyrona 34000 14
Hamaca en Cabo San Juan 20000 8,5
Hamaca en Cabo San Juan con vista 25000 10

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admin on 2 August 2010

Me encanta bucear. Es algo que haría todos los días de tener la oportunidad. Es sumergirse en otro mundo por un rato y olvidarse de lo que pasa arriba en la superficie. Es una esas actividades que te dejan ese poso adictivo tras terminar de hacerlas, esas ganas de repetir cuanto antes.

Buceando

Buceando

Taganga es el lugar más famoso de Colombia para echarse al agua con una botella. No es que se vean grandes cosas allí abajo ni que el agua sea más transparente que otros destinos mucho más exóticos. Lo que atrae a muchos mochileros a esta pequeña localidad a unos 6 km de Santa Marta son los precios que, supuestamente, son de los más baratos que se pueden encontrar.

Sospecho que eso era así hace un par de años y no va a durar mucho más. No hay como que un sitio se haga popular para que se les vaya la pinza a los locales y empiecen a pedir mucha más plata. En otros dos años seguro que se pagará el buceo aquí igual que en otros lugares.

Mi objetivo para Taganga era avanzar un paso más en mi carrera de diver y convertirme en lo que PADI llama un Advance Diver. Esto significa, básicamente, que estás autorizado a bucear a más profundidad y que tienes más control sobre tu flotabilidad, asunto primordial en esto del buceo.

Tras preguntar en varios centros de buceo acabamos en Octopus, posiblemente porque lo primero que hicieron cuando entramos fue ofrecernos un ron, estrategia comercial que sin duda funciona con dos bodegas como nosotros. El que llevaba el lugar, Andrés, era un salesman nato, capaz de venderle hielo a un esquimal, pero nos pareció que sabía de lo que hablaba así que nos vendió dos advance a koala y a mí y lo que le faltaba para completar su curso básico a Davis.

Buceo

Buceo

El curso estuvo a la altura de las expectativas y creo que hacer el Advance en lugar de dedicarme sólo al buceo recreativo (fun dive que se dice aquí) fue la decisión correcta ya que, como decía, Taganga no es exctamente el sitio más espectacular del mundo en cuanto a vida y paisaje submarino así que mejor dedicarse a cosas más técnicas y productivas.

Las dos inmersiones obligatorias son el buceo en profundidad y el buceo de orientación. Lo primero no tiene más historia que el hecho de bajar hasta los 40 metros, profundidad que yo nunca antes había alcanzado. Resulta curioso pensar, no obstante, que este viaje estuve a mi máxima altura sobre el nivel del mar (los 6088 del Huayna Potosí) y a mi máxima profunidad sobre el mismo (40 metros). Me encantan este tipo de datos chorras.

Una vez abajo tienes que hacer una suma, escribir tu nombre e identificar una fruta, para que compruebes que el cerebro a esa profundidad no funciona igual que arriba. En mi caso no ví mayor problema salvo que debo estar medio cegato porque confundí un tomate con un aguacate.

Buceo

Buceo

Luego viene el buceo de orientación. Te arman con una brújula y pretenden que vayas y vuelvas de un punto en línea recta guíandote por la misma. Una vez lo consigues se trata de trazar un cuadrado cambiando de dirección según te lo indique el aparatejo. Me temo que esta jugada no me salió demasiado bien, como la navegación de un barco dependiera de mi habilidad con la brújula iba a acabar peor que el Titanic.

Una vez hechas las inmersiones obligatorias uno tiene que elegir otras tres inmersiones de una lista de especialidades que incluye cosas tan exóticas como fotografía, identificación de especies de peces o buceo en barcos hundidos. Todo eso está muy bien pero no te ayuda a convertirte en mejor buceador. Lo que nosotros hicimos, y de nuevo creo que muy acertadamente, fueron cosas menos exóticas y más útiles. A saber: peak bouyancy performance (mejora de la flotabilidad), buceo en corrientes y buceo nocturno.

En la superficie

En la superficie

El manejo de la flotabilidad es básico para maximizar el partido que uno le saca a su botella de oxígeno. Recordad que un buen buceador no utiliza, o utiliza mínimamente los brazos. Nada de manotear como un retrasado, se trata de moverse en el agua usando tus pulmones en lugar de tu cuerpo. La respiración se puede utilizar para controlar la flotabilidad. Es sencillo, si uno tiene los pulmones llenos de aire asciende (flotabilidad positiva), si los tiene vacíos se hunde (flotabilidad negativa).

Pongamos que me interesa descender a ver de cerca esos corales del fondo, expulso todo el aire que tengo y automáticamente me hundo hacia ellos. Pero tampoco me quiero estrellar allí, así que, antes de que eso ocurra, inhalo todo el aire que puedo que, una vez en mis pulmones, hará que mi cuerpo suba de nuevo. Es decir, estoy bajando y subiendo dentro del agua sin usar otra cosa que mi respiración.

Controlar esto es la clave y la inmersión del peak bouyancy busca aumentar la capacidad del buceador para moverse dentro del agua con el mínimo esfuerzo. Se hacen ejercicios como la posición del Buda, que consiste en doblar las piernas, agarrar las aletas con las manos y usar la respiración para mantenerse suspendido en el agua sin hundirse ni ascender. Cuesta pillarle el truco pero cuando lo consigues es lo máximo. Estás allí, levitando en el agua sin mover un músculo y sintiéndote de verdad parte de ese mundo acuático.

Costa de Taganga

Costa de Taganga

Lo siguiente es pasar por un aro que el profe sostiene, cual delfín en un espectáculo de acuario. De nuevo se trata de deslizarse por allí haciendo uso de los cambios en la flotabilidad y la verdad es que acaba resultando divertidísimo. En total es una inmersión bastante larga, en muy poca profundidad y sin ver pescao alguno pero que se hace muy amena porque uno realmente se esfuerza en hacer bien todo eso.

Lo de las corrientes fue divertido tan bién pero no da para contar mucho. Te llevan a una parte del fondo donde el agua te arrastra y te lleva en círculos sin que tengas que hacer nada. Por momentos pillas una velocidad importante y parece eso un tíovivo. Moooola :)

Sin embargo el buceo nocturno fue el mejor. A Davis le dejaron apuntarse a la jugada y allí bajamos junto con Koala, otro puñado de gente y dos dive masters. Te arman de una linterna y te echan al agua en plena noche. Mientras bajas al punto de reunión en el fondo no se ve un carajo y es quizás el momento más tenso de esta jugada. Alguno se acojonó bastante en este punto.

Una vez en el fondo todo tiene otra pinta. A la luz de las linternas se descubre un escenario marino impresionante, de alguna manera muy diferente a lo que se ve buceando de día. No sé como expresarlo del todo bien, el que haya buceado de noche sabrá de lo que hablo. Tiene algo mágico. Es como meterse en la casa de los peces de noche sin haber sido invitado y cuando están en su momento más íntimo.

En cualquier caso este buceo consiste básicamente en no perderse, mantenerse agrupados con el instructor y mientras tanto disfrutar de lo que se ve, cosa que todo el mundo consiguió sin problemas. Al subir a la superficie todos coincidíamos en lo corto que se nos habían hecho los 35 minutos que había durado aquello. Lo estábamos pasando tan bien que nos hubiéramos quedado horas.

Hablando de esto me ha resultado sorprendente mi evolución con el tema del consumo de aire. Yo sólia beberme las botellas de oxígeno a la misma velocidad que me bebía las de ron, lo que limitaba mucho mi tiempo de buceo. Bien, eso ya no pasa. En todas estas inmersiones acabé con más aire que los demás y por consiguiente con opciones de haber seguido abajo bastante más tiempo. ¿será el efecto de haber estado tanto tiempo de mi viaje a altura?. ¿será que de verdad he mejorado mi flotabilidad?. Sea lo que sea bienvenido sea.

Tan flipadetes acabamos Davis y yo con lo del buceo que añadimos un día extra a Taganga sólo para salir de nuevo en un par de inmersiones recreativas, de las que sólo tienen como objeto pasarlo bien y ver bichos marinos. Lo más destacable que ocurrió en éstas es que vimos una langosta enorme y que el gañán de Davis perdió una aleta (jjajajajaj Davis inútil ;).

En fin, aparte del buceo, algunas líneas para Tatanga en sí. Lugar pequeñito, lleno de mochileros pero de algún modo agradable. La playa en el pueblo no es muy allá pero hay una a la que se llega bordeando un monte que resulta algo más interesante siempre que el tiempo acompañe, cosa que sólo ocurrió el último día que estuve, ya sólo, allí.

Taganga

Taganga

No hay mucho que hacer en Taganga. Aquello es básicamente una calle que va paralela a la costa que es donde están todos los restaurantes y los dos garitos de la ciudad (el más destacado el Sensations que tiene una terraza cojonuda). En cualquier caso, aquí no se viene a ver museos precisamente. El poblacho sólo ofrece dos entretenimientos: bucear e irse de fiesta, actividades por desgracia no muy compatibles. De lo primero hubo mucho, de lo segundo menos pero también. En resumen, Taganga estuvo genial, a pesar de las secuelas que dejó en mi persona (véase siguiente post).

Concepto Pesos Colombianos Euros
Curso Advance Diving 480000 205
Dos inmersiones 100000 42
Alojamiento 15000 6,5

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