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Blog viajes Sudamerica y vida en Buenos Aires/ Travel blog South America and life in Buenos Aires
Paco in America, como su propio nombre indica, es un blog de viajes por el continente americano. Más información aquí.
admin on 16 September 2010

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Los Lençóis Maranhenses es uno de los sitios más espectaculares de Brasil y uno de los lugares marcados en rojo en mi itinerario. Un desierto de dunas blanquísimas pegado a la costa atlántica, accesible desde Barreinhas, una ciudad a cuatro horas de bus de Sao Luis.

Durante buena parte del año llueve bastante por allí propiciando la aparición de unas lagunas de agua cristalina entre las dunas que hacen del paisaje algo más espectacular que simplemente otro desierto más. Algo con esta pinta.

De las pocas lagunas que había con agua

De las pocas lagunas que había con agua

Lamentablemente lo que vimos nosotros fue mucho menos impresionante. El problema: no era la época del año. Hay que visitarlos entre Marzo y Agosto. A partir de Septiembre las lagunas se secan y los Lencois pierden bastante la gracia. Además, precisamente este año resultaba que había llovido muy poco y a estas alturas apenas quedaba agua allí.

Era algo que ya sabíamos de antemano pero ¿qué ibamos a hacer? Ya que estábamos tan cerca había que ir. Así que llegamos a Barreirinhas a las tantas de la noche y aceptamos un alojamiento tirado de precio que nos ofreció un tipo que esperaba al bus, señal clara de que era temporada baja y estaban como locos por conseguir turistas.

Decidimos ir a los Lençois por la tarde y, para aprovechar la mañana, nos apuntamos a un decenso en neumático por un río. Prometía más de lo que fue, la verdad. Era un asunto divertido y relajado eso de ir flotando en una goma pero el río era bastante simplón y de aguas no exactamente transparentes. Es decir, nada de ver pececillos, nada que ver con el último río brasucas en el que me remojé en Bonito. No es que estuviera mal pero se acercaba peligrosamente a merecer el calificativo de gringada.

Por la tarde por fin nos dirigimos hacia lo que nos había llevado allí. Para llegar a las famosas dunas hay que meterse en un jeep, cruzar un río en un ferry y recorrer un camino de arena blanquísima con vegetación alrededor. Es la antesala del paisaje mucho más desértico que viene después.

Las dunas se bajan corriendo...

Las dunas se bajan corriendo...

Por cierto que los de la agencia nos hicieron otra jugada sucia. Resultó que el número máximo de turistas que puede meter un jeep en el parque es diez y nosotros éramos catorce. ¿quienes tuvieron que bajarse a esperar media hora mientras mandaban otro coche?

Efectivamente, los únicos tres gringos que no hablaban portugués. Qué coincidencia. Acabamos aceptándolo para no joder al resto de turistas pero no sin antes montar un buen pollo. Íbamos a poner una reclamación y tal pero al final decidimos que la media hora que nos había costado la broma no era para tanto.

En cualquier caso, el jeep atravesó aquel medio desierto y se paró en frente de una duna gigantesca. La subimos y allí estaban: los famosos Lençois Maranhenses, o más bien lo que quedaba de ellos en Septiembre. Y no me entendais mal, el paisaje aún merece mucho la pena, es un desierto gigantesco y esas dunas blanquísimas impresionan bastante.

Sin embargo lo que jode es pensar como hubiera sido aquello de haber asomado por allí un par de meses antes. Esas fosas aún húmedas que entonces fueron lagunas cristalinas ahora tienen un aspecto ligeramente desolador. Quizás si no hubiéramos vistos fotos de ese paisaje en pleno esplendor nos hubiera molado más pero, al menos a mí, me quedó la impresión de que no había visitado de verdad aquello y que un “revisited” en el futuro iba a ser obligatorio.

O rodando...

O rodando...

Los Lençois sin agua se parecen demasiado a sitios que ví anteriormente. Como el desierto de Huacachina o, más aún, el parque Medanos de Coro. Menos mal que, aún en plena época seca, persisten algunas lagunas. Son casi charcos donde el agua no te llega ni a la cintura pero dan para remojarse un poco al menos.

Y bueno, un desierto es un desierto, y siempre resulta un buen lugar para hacer un poco el gañán, sobre todo este que puedes bajar corriendo (o rodando) una duna para estrellarte en el (en esta época del año poca) agua que hay en la laguna de abajo.

La visita dió para poco más que eso, otra pequeña decepción, yo esperaba un rollete más de caminatas por el desierto pero lo que hacen es llevarte a una laguna que queda muy cerquita de donde te deja el jeep. Allí te dejan a tu bola un rato y a la vuelta la jugada clásica: atardecer desde una duna más alta que las demás. Ya sabeis, la foto de Tatooine esa que ya tengo de Coro.

Otro atardecer desértico

Otro atardecer desértico

Hay otras formas de ver los Lençois. Se puede contratar un guía que te lleva de marcha dos días por las dunas, pasando una noche dentro del parque. Sale por 150 realillos por día y es algo que seguro que mola mogollón hacer en la época en que aquello está lleno de agua.

También me enteré posteriormente de que hay recorridos en jeep por dentro del parque. Es una jugada muy interesante de cara a un futurible viaje por esta zona de Brasil. Al parecer un recorrido memorable es el que se hace desde Fortaleza. Unos 500 km recorridos en 4×4 por la costa, parando en playas perdidas.

Obviamente, a estas alturas de la película y en el estado en que se encuentra ya nuestro presupuesto nada de esto cuadraba ya y nos tuvimos que conformar con el paseito convencional y con la versión B de los Lençois. Ya sabíamos que iba a ser así, pero estábamos al lado ¿qué íbamos a hacer? ¿no ir? (*)

Concepto Reales Euros
Sao Luis - Barreirinhas 35 15
Hab doble Barreirinhas 30 13
Paseo Jeep a Lençóis 40 17

(*) Umm, me acabo de releer el post y me da la impresión de que he sido demasiado duro con el lugar. A lo mejor es el efecto de llevar tanto tiempo viajando y haber visto cosas parecidas. Los Lencois, aún sin agua, son un sitio bastante espectacular y merecen pasarse por allí.

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admin on 15 September 2010

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Estar de vuelta en la civilización tras aquellos dos interesantes días flotando tranquilamente por el Amazonas significó estar de vuelta también en nuestro forzado ritmo de viaje acelerado en el que hay que saltarse los lugares menos interesantes para que cuadren las cuentas.

En esta parte de Brasil la discriminación le cayó a Belem donde sólo pasamos unas cuantas horas en la rodoviaria antes de subirnos en un bus nocturno a la siguiente ciudad importante del Norte brasileño: Sao Luis, capital del estado de Maranhao.

São Luís

São Luís

Resultó que Diego llevaba la misma ruta así que se adobó a nosotros duplicando el componente argentino de thecaptainflint/america. Le convenía a él y a nosotros.Creo que ya lo dije alguna vez (me debo estar repitiendo bastante con algunas cosas). Viajar en números mayores no sólo es más divertido sino también más barato.

Así que a las dos noches de hamaca le sucedió una de bus. Y luego lo de siempre. Aterrizar en un lugar nuevo sin tener la menor idea de nada, ir de la rodoviaria al centro, buscar un lugar barato etc.. Y todo eso con muchas cuestas, cargados como mulas y con un calor terrible. Para los que piensan que esto de viajar es todo cachondeo.

Todo pinta diferente tras las pertinente ducha. Sao Luis resultó ser una de las ciudades más bonitas que he visto en este viaje que no se ha caracterizado precisamente por ellas. No es tampoco para lo que se viene a este continente que tiene mucho más que ver en la naturaleza que en la civilización.

Sin embargo la capital de Maranhao sí qu estuvo a la altura con su centro histórico plagado de callecitas empedradas y casitas de colores. Es como si de pronto uno hubiera cruzado el charco y se estuviera paseando por el barrio viejo de cualquier ciudad portuguesa.

Tienes todas esas calles empinadas o directamente en escalera. Las paredes de azulejos, los callejones del mercado central… En fin, un rollete estilo Oporto o Lisboa que le recuerda a uno que, por una vez, no fuimos nosotros los españoles los que vinimos a dar la brasa aquí sino nuestros vecinos de la península.

São Luís

São Luís

Sao Luis es realmente una isla enorme que forman, entre otros, los ríos Bacanga y Anil, en su desembocadura en el Atlántico. La constituyen dos penínsulas separadas por el segundo de estos ríos.

En la primera está toda la zona vieja, en la segunda el barrio de Sao Francisco, mucho más moderno, con lujosos edificios de apartamentos y zona de playitas. El resultado es que tienes esos dos mundos totalmente opuestos y paralelos muy cercanos y comunicados por un puente.

Nosotros nos limitamos a la parte vieja. El hotel que habíamos pillado era un antraco medio apestoso pero estaba muy bien ubicado, en el corazón de la zona histórica declarada Patrimonio de la Unidad por la Unesco. Así que, aunque sólo estuvimos un día entero allí tuvimos tiempo de saborear razonablemente el ambiente de aquel lugar.

São Luís de noche

São Luís de noche

Por la noche la zona la iluminaban de puta madre y aquello se animaba con puestecitos de comida y peña bebiendo cerveza en las terracitas. Hasta una representación de teatro callejera pudimos ver, con los actores disfrazados de época y tal.

Claro que había algún que otro deteriorado con pinta sospechosa merodeando por el centro y multitud de brasillas tratando de venderte cualquier mierda o directamente pidiendo dinero, pero en general Sao Luis no se sentía inseguro. Nada que ver con el Pelourinho de Salvador en el que como te descuides te roban hasta los riñones.

Teatro callejero en São Luís

Teatro callejero en São Luís

Además es de las ciudades de Sudamérica mejor organizadas en cuanto a turismo que he visto. Hay mapas por todas partes y hasta tres oficinas de atención turística.

Aunque, como viene pasando últimamente en este viaje, no se veían otro gringos por ninguna parte. Solo brasileiros de vacaciones. Será seguramente que Brasil se ha puesto demasiado caro para el mochilero común, que prefiere irse a lugares donde su pasta rinde más.

Alcantara

El segundo día teníamos bastante tiempo antes de tener que salir pitando hacia el siguiente lugar así que nos hicimos la excursión más típica de Sao Luis. Se trata básicamente de subirse en un catamaran durante una mareante hora hasta llegar a una isla en la que los amigos portugueses también estuvieron y dejaron su huella.

Alcantara

Alcantara

El barquito en teoría tenía que salir de la hidroviaria de Praia Grande, en pleno centro, pero resulta que cuando la marea está demasiada baja lo hace desde el barrio de Sao Francisco, en la otra península. No obstante el tema estaba bastante organizado y la empresa paga taxis que llevan a todos los pasajeros hacia el punto de salida alternativo.

La escapada consistió en un poquito más de rollete colonial, este a menor escala. Más casitas de colores y más iglesias por todas partes pero en un ambiente mucho más tranquilo y con vistas a la playa por todas partes.

Todas esas casitas de colores tienen las puertas y las ventanas abiertas constantemente para que veas lo estresados que viven los lugareños, tirados viendo la tele en las hamacas que tienen colgadas en el salón. Es Alcantara un lugar de esos donde parece que el tiempo se ha detenido. Uno de esos sitios que mueren completamente a la hora de la siesta.

Pelourinho de Alcantara

Pelourinho de Alcantara

Y eso que nosotros llegamos en lo que debía ser la época más ruidosa del pueblo. En pleña campaña electoral, con los coches de los distintos partidos políticos circulando con unos altavoces enormes que daban la brasa con anuncios propagandísticos.

Lo más destacable es la plaza principal, cojonuda para las fotos panorámicas y con el pelourinho más antiguo de Brasil. El pelourinho para el que (como yo) no supiera lo que es, es un poste al que ataban a los esclavos para azotarlos cuando se portaban mal. Enternecedor.

Otra cosa curiosa de Alcantara es que hay unas cuantas ruinas desparramadas entre las casas de la ciudad, fundamentalmente pilares de piedra negra. Las más destacables son las que están en frente de la iglesia principal de la localidad.

En resumen una excursión recomendable en la que ademas nos pudimos apretar una decente pizza y una cerveza Bohemia (la única del país con cierto sabor) a un precio aceptable. El truco, como siempre, está salirse lo más posible de la zona turística.

Plaza de Alcantara

Plaza de Alcantara

La vuelta en catamaran fue más jodida aún que la ida. El mar por momentos no está nada tranquilo y marea considerablemente al personal. A los que van en cubierta además, de cuando en cuando los empapa alguna que otra ola hija del mal. Fue un paseo marítimo nada agradable que se hizo eterno.

Para cuando por fin llegamos al punto desde el que habíamos partido, la hasta entonces muy eficiente infraestructura turística de Sao Luis, nos desparaba una jugada bastante sucia. Nos desembarcaron en la punta de la península de San Francisco donde por la mañana nos habían dejado los taxis sólo que ahora no había ningún medio de transporte. Los hijos del mal se habían desentendido de gestionar ese tema para la vuelta y básicamente nos dejaron tirados allí, un poco a tomar por culo de San Luis.

Ruinas en Alcantara

Ruinas en Alcantara

Hubo que andar un buen rato hasta que por fin pudimos enganchar con un bus que nos cruzó el puente de vuelta al centro. Unos aguilillas los de la empresa de los catamaranes.

Si no sólo se leen esto mis colegas (que tampoco se lo leen) sino alguien que piensa viajar por allí, que vaya concienciado de esto que le joderá menos que a nosotros que nos lo encontramos por sorpresa y nos trastocó bastante los tiempos que teníamos previstos.

En fin, a pesar de esto último, fantástico Sao Luis, un lugar que recomiendo encarecidamente. Una ciudad con identidad propia y muchas ganas de demostrársela al turista. Un bonito paréntesis entre playa y playa y una forma de sentirse, aunque sólo sea por un rato, en ese viejo continente al otro lado del charco.

Concepto Reales Euros
Bus Belem - Sao Luis 92.5 41
Hab doble en Sao Luis 40 17
Catamaran a Alcantara (x trayecto) 12 5.3

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admin on 13 September 2010

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La vida transcurre despacio cuando uno está encerrado en un barco sin posibilidad de moverse mucho. El limitado espacio de tu hamaca y el hueco que hay debajo se convierte en tu pequeño mundo personal, lo más parecido a una habitación que vas a tener durante dos días. Allí vas a dormir, rodeado de unas treinta personas más, y allí te vas a pasar mucho tiempo también durante el día cuando te aburras de mirar el paisaje.

Río Amazonas

Río Amazonas

Paisaje que, admitámoslo, al cabo de un rato ya te lo sabes de memoria. Ya sé que hay muchas pelis de anacondas, pirañas y movidas amazónicas por el estilo pero creo que resulta obvio que todo eso no se ve desde uno de estos barquitos. Allí no vas a ver ningún tipo de bicho y, por momentos, vas a ir navegando muy por el centro del río con lo que las orillas te van a quedar lejísimos.

Aün así, a mí personalmente, me resultó fascinante. Supongo que porque sólo tuve dos días de contemplación amazónica que me parecieron la medida exacta. Otra noche más allí metido y hubiera acabado harto del Amazonas pero el tiempo que tuve me pareció suficiente para disfrutar de la vista sin llegarme a cansarme del todo de ella.

La primera sorpresa es que aquello no es ni tan remoto, ni está tan deshabitado como uno se espera. En las cercanías de Belem el barco para un par de veces en sitios bastante grandes con aspecto de ser ciudades bastante serias, con hoteles y coches y todo eso.

Río Amazonas

Río Amazonas

Luego ya vienen las cabañas construidas el borde de la jungla, en las orillas del río. Un rollo mucho más auténtico y autóctono que le hace a uno preguntarse como será la vida en esos lugares tan básicos en mitad de la nada. ¿cómo vive la gente que habita allí? ¿qué hay detrás de esa primera línea tan densa de árboles?

La primera pregunta tiene fácil respuesta: mal. Los habitantes del Amazonas tienen todo el aspecto de andar jodidos como los indios Kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta. Es muy habitual, sobre todo al final del segundo día de navegación que, al pasar por lugares más poblados, haya ya esperando al barco un montón de canoas llenas de locales, especialmente niños,

Se acercaban a nosotros remando con todas sus fuerzas y empezaban a agitar las dos manos a la vez. Es la señal de que quieren que les tires algo. Y los locales que van en el barco se la saben porque llevan bolsas preparadas con alimentos que arrojan al agua para que las recojan los de las canoas.

El ataque de las canoas

El ataque de las canoas

Algunos incluso tiran pantalones y camisas, supongo que ropa vieja que no les sirve, artículos que los indígenas parecen apreciar mucho más que la comida. Magnífica idea dije, pensando en la mochila de 200 kilos de ropa de Sole que llevo cargando desde hace unas semanas. Lamentablemente mi sugerencia no triunfó…

A eso de las seis de la tarde interesa subir a la cubierta de arriba. Es la hora del atardecer y eso en el Amazonas es un gran evento. La puesta del sol allí es espectacular y recomiendo no perderse ni una. Es cuando se entiende que hace uno metido en aquel apestoso cascarón, hacinado y durmiendo mal. Es uno de esos momentos viajeros que le dan sentido a todo esto (hasta a lo de cargar 200 kilos de mochila).

Por la noche hace algo de rasca así que conviene llevarse una manta o algo de abrigo para que, además de dormir incómodo en una hamaca, no acabes además resfriándote como un retrasado. Hace viento también y, si las cosas van realmente mal, te puede caer una tormenta tropical de cojones. De lo último afortunadamente nos salvamos a pesar de que el cielo la última noche amenazaba liarla cual tepui cabreado.

Amaneció tras aquella segunda noche a bordo y nadie sabía muy bien a qué hora íbamos a llegar. En teoría a las diez pero tras el retraso de cinco horas en la partida todo parecía indicar que iba a ser algo más tarde. La tripulación del barco no aportaba mucho, no sólo por el problema idiomático sino porque eran bastante rancios. Así que basícamente íbamos en un medio de transporte sin tener la menor idea de cuando llegábamos a nuestro destino.

Atardecer amazónico

Atardecer amazónico

Al final todo fue bastante lógico y divisamos Belem con casi cinco horas de retraso. De pronto, en mitad de ese paisaje natural amazónico todo verde surge una línea de rascacielos en el horizonte de forma bastante desconcertante. Una señal muy clarita de que se acaba lo salvaje y vuelve la civilización más tremenda.

Hacía un minuto uno estaba viendo cabañas super cutres con aspecto de estar a punto de caerse en la jungla. De repente todo eso desaparece, el río se hace ancho a punto de desembocar en el mar y la ciudad enorme se come el paisaje. Belem es una ciudad de millón y medio de habitantes, un puerto importante en el Atlántico y está conectada por carretera con todo el Norte del país.

Belem desde el Amazonas

Belem desde el Amazonas

Se terminaba la corta (según como se mire) experiencia Amazónica que a mí personalmente no me defraudó ni un poquito. Tanto el barco como el río fueron exactamente como me los esperaba. Esperaba que fuera a ser una gran experiencia y lo fue.

Navegar el Amazonas es una jugada que ningún mochilero de verdad debería dejarse sin hacer. Aunque sea por sólo un par de días. Es una de esas muchas cosas que por mucha brasa que yo te suelte aquí no vas a entender hasta que lo vivas en primera persona. Hay algo de especial en ese río y en ese paisaje que sólo se percibe estando allí.

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admin on 12 September 2010

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Aquel barco acabó saliendo con casi cinco horas de retraso, es decir, de acuerdo a lo esperado. El motor empezó a rugir a las 14:40 y por fin nos separamos del muelle de Santarem. A partir de ese momento teníamos por delante dos días de navegación en el río más famoso del mundo.

Santarem desde el Amazonas

Santarem desde el Amazonas

El Amazonas es una leyenda y remontarlo un clásico para los viajeros. Son 6800 km de agua (el más largo del mundo), desde que nace cerca de Arequipa, Perú, hasta que desemboca en el Atlántico en Belem. Se puede empezar la travesía marina en lugares tan alejados como Ecuador o Perú (Iquitos). Desde allí te puedes pasar fácil un par de semanas cambiando de barcos hasta completar el viaje.

Esa es la opción más extrema, sólo apta para viajeros realmente hardcore con mucha paciencia y tolerancia para vivir una buena temporada en condiciones algo lamentables, Lo más habitual es hacerlo desde la triple frontera Colombia - Perú - Brasil en Tablatinga (8 días ) o desde Manaus (5 días).

Nosotros, no obstante, habíamos decidido que los dos días que se tarda en navegar desde Santarem a Belem eran más que suficientes y, a posteriori, creo que fue la elección correcta teniendo en cuenta el problema de falta de tiempo que viene sufriendo este viaje en su última etapa.

Hay dos formas de viajar en un barco que hace el Amazonas: en camarote o en hamaca. En el primer caso uno tiene su espacio privado, pequeño pero con una cama de las de verdad. Lo segundo es más incómodo pero definitivamente más auténtico.

Camarote de lujo...

Camarote de lujo...

En una de las cubiertas del barco hay habilitado un espacio amplio con barrotes en el techo para que la gente cuelgue allí sus hamacas. Allí se amontonan todos los pobretones que no quisieron / pudieron pagar el camarote que sale por más de 400 reales cuando el pasaje en hamaca vale 100. En nuestro caso pesó tanto el argumento económico como el de la originalidad. ¿qué mariconada es esa de ir en camarote? Si uno va a hacer el Amazonas tiene que hacerlo de verdad, como los locales.

Así que nos compramos las hamacas más baratas que había en el mercado de Santarem y las colgamos donde pudimos. Otro de los clásicos de viajar en barco. Como tengas mala suerte y vaya lleno vas a tener gente que te va a plantar las hamacas encima tuya, o pegadita al lado. El grado de hacinamiento puede llegar a ser bastante tremendo .

Socializando en el barco

Socializando en el barco

Además la elección del lugar donde colgarla no es casual. Cuanto más al centro mejor porque en los extremos están los baños que, especialmente cuando el barco está parado y el aire no corre, emiten un olor a meados terrible.

Se recomienda aparecer en el muelle entre las seis y las siete de la mañana, en cuanto dejan subir a los pasajeros al barco, para así poder pillar un hueco decente. A partir de ahí sólo queda rezar para que no haya overbooking y tengas una separación mínima con el de al lado para que cuando el barco se menee no se te venga encima.

Nosotros tuvimos esa suerte. Al parecer en Santarem se había bajado mucha gente y nuestro barco tenía un grado de ocupación razonable. No era que estuvierámos sobrados pero tampoco teníamos a los de al lado encima. Lástima que habíamos llegado un poco tarde y acabamos pillando un espacio que no estaba todo lo alejado que hubiéramos querido del nauseabundo baño.

Además resultó que había un viejo conocido viajando con nosotros. Creo que ya lo comenté anteriormente. El mundo de los mochileros acaba resultando ser muy pequeño y, por increíble que parezca, acabas reencontrandote en los lugares más inesperados con gente que conociste anteriormente. Ni me sorprendió cuando oí que una voz con acento argentino me llamaba. Resultó ser Diego, el argentino que conocimos Davis y yo en Playa Blanca.

Hacinamiento a bordo

Mientras yo hacía Venezuela el hombre se había entretenido más tiempo en Colombia y había acabado haciendo el Amazonas desde la triple frontera (es decir, estaba ya un poco hasta las pelotas de barco). Con él viajaban Sergio y Facundo, otro español y otro argentino respectivamente.

Había por allí además algunos personajes interesantes más. Un sudafricano que llevaba dos años viajando por Sudamérica y había tenido la genial idea de pasar de hamacas y plantar su tienda de campaña allí en medio. Un colombiano que llevaba la bici con la que estaba recorriéndose el continente en la bodega del barco.

Genial encontrar buen rollete mochilero que no sólo hace el trayecto más divertido sino también más seguro. Cuanta más gente pendiente de las mochilas mejor. Los barquitos amazónicos son famosos por la cantidad de equipajes que se “pierden” en el transcurso del viaje. Hay que estar especialmente atento antes y durante el tiempo que el barco hace alguna escala. Como siempre, tampoco hay que dejarse llevar por la paranoia o uno acaba no disfrutando del paseo.

En cuanto al barco en sí pues era más o menos lo esperado. Es lo bueno de ir documentado. Si me lo ponen por delante sin saber nada del tema me hubiera parecido un cuchitril sucio y apestoso. Pero como había leído ya al respecto de las dudosas condiciones higiénicas de este tipo de transporte en la Lonely y en blogs de viajes, cuando me ví allí dentro no me pareció tan terrible.

Sole en el barco

Sole en el barco

Aparte de la cubierta de las hamacas había una inferior donde cocinaban y llevaban la carga y otra superior descubierta con un bar que servía bebidas frías y unas mesitas para sentarte a tomar algo contemplando el río. Un sitio bastante agradable. Si la cerveza brasileña fuera sólo algo más decente ciertamente me hubiera pasado bastante tiempo bodegueando allí arriba.

En la cubierta de las hamacas estaban los cuatro baños (dos de ellos también) ducha de los que ya he hablado, con ese olor a pis añejo que hacía que uno procurara visitarlos lo menos posible. Había también un camarote en el que servían las comidas y cenas que se cocinaban abajo (bastante decentes, por cierto), unos grifos que daban agua no sólo potable sino también fría, y un enchufe!!

Ese enchufe amigos es posiblemente el responsable de que aún tenga alguna opción de tener actualizado este blog el día en que esté tomando ese vuelo de Salvador a Frankfurt. Pudiendo cargar el notebook y con tantísimo tiempo por delante lo tenía muy fácil para ponerme a escribir y acabé produciendo cinco posts, desde Roraima hasta Alter do Chao.

En fin, creo que con esto os habreis podido hacer una idea más o menos de cómo funciona esto de subirse a un barquito a navegar el río más famoso del mundo. Cuando ves el percal te entran ciertas dudas sobre si de verdad fue una buena idea, si de verdad vas a disfrutar de dos días metido ahí dentro. Afortundamente a las primeras de cambio el Amazonas te demuestra que no estás perdiendo el tiempo allí.

A la salida de Santarem se produce el fenómeno llamado Encontro dos Rios. El Amazonas, color café, se junta con el Tapajos, color más azulado y, durante un buen rato, ambos ríos discurren paralelos sin mezclarse.

Encontro dos Rios

Encontro dos Rios

El fenómeno se produce a causa de la distinta densidad de las aguas y el efecto es realmente sorprendente. Son como dos ríos diferentes que no quieren saber nada el uno del otro pero se ven obligados a coexistir en ese cauce. Una franja marrón y una azul paralelas separadas por una frontera invisible.

Aquello tiene ese pinta durante un buen rato hasta que el marrón empieza a comerle cada vez más y más terreno al azulado. El Tapajos ha perdido su batalla y desaparece absorbido. Lo que prevalece son las aguas más marroncillas del río más famoso del mundo: el Amazonas.

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