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Paco in America, como su propio nombre indica, es un blog de viajes por el continente americano. Más información aquí.
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admin on 26 September 2010
Arrancó el bus de Itapemirim desde la rodoviaria de Recife, puntual como un reloj. Momento una vez más de sacar el netbook y actualizar el blog. Sólo que no es un post cualquiera, no es tampoco un bus más, es el último. Dentró de dieciseis horas estaré en el mismo lugar en el que todo esto empezó hace exactamente veinte meses y una semana. Otro incómoda noche más en la carretera y estaré en la estación de bus de Salvador de Bahia, a la que había llegado tras cruzar el Atlántico en un vuelo con Condor, desde Frankfurt. Dentro de unas venticuatro horas estaré subiéndome exactamente al mismo avión de la areolínea alemana pero en dirección contraria, de vuelta a Europa. La vuelta a SudaméricaSe acabó lo que se daba amigos. Misión cumplida. Lo que viene ahora no va sonar muy modesto pero espero me lo perdoneis dadas las circunstancias. Me siento muy orgulloso de lo que he conseguido. Voy a tener que agradecer muy mucho a los de Buongirno que me cortaran el contrato y me dieran el empujón definitivo que necesitaba para emprender esta aventura. Recuerdo ahora lo que escribía aquel 22 de Enero del 2009 cuando llegaba a Brasil con idea de darme un paseito de un mes, reventar la noche en el carnaval de Río con los colegas y, muy probablemente volverme a casita después. Mes, mes y medio era el pronóstico. Tres como muchísimo si seguía hasta Perú. Al final fueron veinte, de los cuales ocho fueron de viaje puro y duro y otros doce me los pasé viviendo en Buenos Aires. Al final no fueron dos o tres países del continente. Al final fueron todos. Fue una vuelta completa a Sudamérica que terminó exactamente donde empezó. Me había obsesionaba con cerrar el círculo y lo conseguí. En el camino vendí mi coche, mi ordenador y hubiera vendido el alma si hubiera hecho falta para financiar el viaje. Quería hacer esto bien, hasta sus últimas consecuencias. Quería poder decir que me había recorrido todo un continente. Yo que soy un tipo terriblemente aburrido de como se gana la vida y que no dura en el mismo trabajo más de un año quería esta vez completar algo. Lo hice y además lo documenté. Porque este blog se convirtió en algo tan importante como el viaje en sí y eso seguramente tiene también mucho que ver con mi falta de vocación por mi profesión. thecaptainflint/america se acabó convirtiendo en mi trabajo. Ningún software que haya desarrollado ha ocupado tanto mi antención ni me ha hecho sentirme tan satisfecho como la responsabilidad de escribir aquí que me auto-impuse. No me comentó los posts ni Perry y ni mi madre se suscribió al blog pero ahí queda esto. En primer lugar para mí. Sé que dentro de muchos años, cuando sea un viejuno con todo tipo de achaques, me molará mogollón leerlo, recordar aquel año que fuí mochilero profesional. El año que me dediqué a subir montañas, descrubrir playas alucinantes, patearme montes y ciudades y conocer a un montón de gente distinta. En segundo lugar para todo aquel al que le guste soñar con viajar desde casa. Como me pasaba a mí que me pasaba las horas muertas que siempre he tenido en todos mis trabajos leyendo blogs de viajes y pensando en ir a todos aquellos lugares algún día. Algunos posts habrán quedado más o menos interesantes, otros aburrirán a las ovejas. Pero, si a alguno he conseguido entrentenerle alguna mañana aburrida en la oficina genial. Esa era la idea también. Por último thecaptainflint/america pretende ser, muy humildemente por supuesto, una guía de viajes de Sudamérica. Dentro de lo personal de mi discurso he tratado de dar todo tipo de informaciones sobre los sitios por los que he pasado. Cosas que no salen en la Lonely Planet pero pueden ser clave para que alguien decida o no visitarlos. He dado información de precios y medios de transporte cuando me acordaba de ellos pero lo que me interesaba más era transmitir las sensaciones que tenía sobre todos esos lugares. Si algo me pareció una mierda sobrevalorada así lo dije. Igual con las cosas que me impresionaron. Además, una gran sorpresa para mí en este viaje fue la cantidad de cosas distintas que acabé haciendo. Apenas me fuí de fiesta y en su lugar me dediqué a todo tipo de actividades más naturales y saludables. Playas, montañas, desiertos, ríos, junglas… Me asé de calor y me pelé el culo de frío. El viaje tuvo de todo. Es lo grande de Sudamérica, continente increíble que parece haber sido diseñado a propósito para mochileros. La diversidad de paisajes y cosas que hacer es interminable, a veces en el mismo país. Brasil, Uruguay, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Chile, Venezuela, Paraguay y, especialmente, Argentina. Cada uno de ellos aportó algo o mucho. Cada uno de ellos fue una experiencia distinta que traté de transmitir aquí. Evidentemente mis valoraciones son muy subjetivas y seguramente no trasladables a cualquier persona. Pero yo creo que sí son bastante aplicables a un hipotético mochilero español que, a fin de cuentas, la nacionalidad es lo que más me define. Un tipo de viajero al que no le va a impresionar ver unas cuantas ovejas pastando en un valle perdido de la mano de Dios pero sí subirse a una montaña de 6000 metros. Y ya que tocamos el tema. A ver si conseguimos en España salir un poquito más. Me encontré cientos de australianos, ingleses, holandeses, alemanes o israelíes. Españoles más bien poquitos. Se vé que vivimos tan de puta madre en la península, o eso creemos, que no queremos salir. Si este blog sirve para animar a alguno es otro gran motivo para haberlo escrito. Y ahora quéEste es el momento en que os digo que este viaje me ha hecho una persona distinta, que me he enriquecido y he madurado personalmente y todo ese blablablabla de filosofía barata habitual. Puede que sí, no sé. De momento no vuelvo sólo lo cual igual es síntoma de madurez… En el vuelo de Condor viajan dos personas cuando a la ida sóló había una. Para mi termina el viaje, para ella empieza. No sabemos aún cuánto durará pero ya es algo. En cualquier caso, discutibles crecimientos personales aparte, ahora mismo me preocupa más como cojones me voy a adaptar a una vida normal después de más de seis meses en los cuales cada día fue completamente distinto al anterior. De medio año en lo que ví e hice cosas fascinantes y la palabra “rutina” desapereció completamente de mi vocabulario. Y que conste que tengo muchísimas ganas de estar de vuelta por allí. De ver a mi familia y a colegas con los que tenga un pasado más extenso que varios días de viaje. De no tener que hacer la mochila y dormir en una cama distinta cada noche. Termino el viaje en el momento justo, cuando aún lo estoy disfrutando pero ya empiezo a estar saturado. No ne quedaba cuerda para mucho más. O quizás sí, la verdad es que últimamente mi ánimo en este sentido variaba de un día para otro. Me va a hacer muy feliz volver a Europa que, sigue siendo mi continente y, por mucho que me haya molado Sudamérica, el lugar en el que quiero vivir. Lo que me temo es que esa felicidad no dure mucho y cuando me vea encerrado en una oficina delante de un PC ocho horas al día se me vaya la cabeza y me dedique precisamente a leer blogs de viaje como este. Este es el último post de thecaptainflint/america pero estoy casi seguro de que no será mi último post viajero. No sé si lo que vendrá será un thecaptainflint/asia o un thecaptainflint/centroamerica pero tengo la certeza de que aún me queda al menos un gran viaje por hacer antes de que esté demasiado deteriorado como para cargar una mochila. En fin amigos, no sé si he escrito todo lo que pretendía pero la batería del netbook se acaba como se acaba este viaje. Para cuando leias estas líneas estaré sobrevolando el Atlántico, de vuelta a la vida “normal” pero también de vuelta a muchas cosas que he echado mucho de menos. Estoy feliz por ello. Se despide este blog tras 118 posts de brasa. Bueno, al menos la parte de él dedicada a la crónica del viaje. Si tengo ganas me gustaría escribir unas cuantas cosas más sobre este fantástico continente que me han ido quedando en el tintero. Si no, no dudeis que volveré a la carga con el próximo thecaptainflint, sea donde sea. Hasta siempre Sudamérica! Paco, maestro del desastreEn la despedida de esta popular sección vamos a hacer un balance de pérdidas. Dos MP3s me costó el viaje. Dos cámaras, una que se ahogó en un trekking y otra que se perdió junto con una chaqueta que se me cayó bajando de un monte. Aquel desastre en El Altar, en Ecuador, fue el punto álgido en cuanto a desgracias. Además de la cámara perdí mogollón de pasta y un teléfono móvil. No obstante la cámara principal, la Sony de más de 400 dólares sobrevivió al viaje. Y también el netbook con el que escribo esto. Es decir, los dos aparatos electrónicos más caros e importantes. Haciendo balance creo que Paco maestro del desastre estuvo bastante moderado en esta ocasión, muy posiblemente porque no salí mucho de fiesta ni me tajé demasiado. Otra cosa, fijaros que todas estas pérdidas fueron causadas por mi propia inutilidad. En ocho meses viajando y doce viviendo en Buenos Aires NUNCA nadie me robó. Ni siquiera me llegué a sentir amenazado en ningún lugar, a excepción quizás de Salvador de Bahia los primeros días. Tampoco me estafaron, al menos nada más serio que la típica cosa que uno paga más cara por se gringo. Sirva esto para desmitificar un poco el mito de lo peligroso que es este continente. Evidentemente pasan cosas. Conocí en el viaje a gente que no había tenido tanta suerte y oí algunas historias bastante terribles. Pero por cada uno que tenía algo malo que contar me encontré a diez que, como yo, habían viajado tranquilamente. Esta claro que hay que andar cuidado pero Sudamérica no es el lugar sin ley que a veces nos hacen ver.
Tags: Personal admin on 25 September 2010
Recife es la segunda ciudad más grande del Nordeste brasileño y el último sitio que voy a conocer en este viaje. Para variar esta vez tenemos apoyo local, Óscar, brasileiro y ex-compañero de piso en Buenos Aires. Tanto él como su familia nos acogieron de forma increíble. Desde aquí un abrazo de agradecimiento! Óscar vivía en el barrio de Bom Viagem, a dos calles de la playa más popular de Recife. Es una zona segura y agradable, plagada de edificios de apartamentos altísimos con vistas a una playa separada de los monstruos de cemento por una línea de palmeras. Es un buen contraste. Por todas partes hay letreros prohibiendo la práctica del surf y recomendando no adentrarse en el mar más allá de la línea de arrecifes. Al parecer son aguas frecuentadas por tiburones y se han producido bastantes ataques a lo largo de la historia de la ciudad (del último hacía tres años, no obstante). Por lo demás Recife no dió mucho más de sí aparte de la pertinente noche de cachimba y alcohol en casa de Óscar. Como estábamos en Brasil, por una vez al ron lo sustituyó la caipirinha Porto GalinhasGalinha significa gallina en portugués. No sé porqué se le llama así al lugar pero sí que están muy identificados con ello. Hay figuras de gallinas por todas partes, huellas en las aceras, cabinas de teléfonos… Es el símbolo de la ciudad y abusan de él. Pero uno no va allí a ver gallinas sino a ver peces. Se dice que Porto Galinhas es una de las playas más bonitas de Brasil, con un agua clarísima, casi caribeña, y una línea de arrecifes pegados a la costa. Y lo es. El problema es que está un poco demasiado petada de gente para mi gusto, todos con tumbonas y sombrillas plagando la playa. Sorprendentemente nosotros éramos los únicos que estábamos tirados en la arena. El caso es que, cuando hay tantísima gente en un sitio, por bonito que sea pierde algo de gracia. Y cuando no luce el sol también. Lo más destacado de la visita fue el paseo por las piscinas naturales que se forman en los arrecifes cuando la marea esta baja. Allí quedan atrapados mogollón de pececillos. La actividad más característica del lugar, además de los inevitables paseos en buggie consiste en bañarse en estas piscinas y/o hacer snorkell por los alrededores. Cuidado que os ofrecerán paseos en barco para llegar a las piscinas pero son una puta estafa. Cobran 10 reales que te puedes ahorrar caminando cien metros hacia el extremo de la playa. Allí hay un pasillo natural entre los corales por el que puedes caminar hasta las piscinas. No hace falta ni nadar, el agua no llega a cubrir. Y lo de las piscinas naturales es una pasada. Son como acuarios enormes donde uno puede meterse y al segundo está rodeado por todas partes de peces a los que parece pelársela que estés allí. Muy, muy divertido. Lamentablemente no tuvimos mucho tiempo para disfrutar del tema pececillos y snorkelling. Habíamos llegado tarde y la marea estaba ya subiendo, haciendo desaparecer todas las piscinas y todos los corales. Encima se puso a llover a saco. Mala suerte con el tiempo esta vez. Nos piramos a comer y a la vuelta aquello tenía una pinta completamente distinta, el mar llegaba prácticamente a los chiringuitos playeros. Aquello se había convertido ya en una playa normal. Una playa cojonuda de haber hecho mejor tiempo pero, por primera vez desde que entramos en Brasil, el clima no colaboró nada. Porto Galinhas estuvo bien pero podía haber sido un día de esos memorables de sol y arena. Si hubiera hecho sol nos hubiéramos alejado de las multitudes hacia una de las playas más apartadas pero con ese cielo gris constante todo lo que hicimos fue comprar boludeces y comer helados. Quedó corto este post, debe ser también que ya ando con la cabeza más puesta en el otro lado del charco. El caso es que, tantoRecife como Porto Galinhas podrían haber dado muchísimo más de sí pero… no hay tiempo. El viaje se acaba amigos. 48 horas más y se acabó Sudamérica para mí…
Tags: Porto Galinhas, Recife, Snorkel admin on 22 September 2010
Bueno, no exactamente pero me admitireis que el título así puesto capta la atención y resulta que no está del todo alejado de la realidad. Pipa fue amor a primera vista para Sole y para mí. Un lugar mucho más “real” que Jeri, mucho más relajado y mucho más disfrutable sin necesidad de dejarse pasta. Por real me refiero a que no era un resort perdido en la nada y construido exclusivamente para sacarle la plata al turista. Pipa es una ciudad brasileña real, con sus barrios, sus calles y sus comercios para gente que vive allí permanentemente y no sólo se pasa un par de semanas de vacaciones. Por supuesto que gilipollas no son y también han descubierto la gallina de los huevos de oro del turismo allí pero la han explotado de forma que no han jodido la esencia del lugar. Hay una calle larguísima llena de restaurantes de todo tipo y millones de tiendas de souvenirs. Hay también posadas lujosas, un centro comercial y demás movidillas de más alto standing. Pero alrededor de esa gringo-calle lo que hay es de lo más normal. Pipa se alza en una pequeña colina y la mayoría de sus calles son de esas empedradas con cierto aroma a pueblo. Desde muchas de ellas se puede divisar allí abajo el mar Atlántico, de un azul verdoso de lo más agradable. No es un entorno tan salvaje - remoto como el de Jeri pero tampoco es un Benidorm de edificios altísimos. Es, bajo mi punto de vista, la medida justa. Allí también estaban en temporada baja y resulto fácil encontrar una posada por treinta reales. Sin embargo seguimos preguntando y acabábamos dando el lujo de alquilar un departamento con cocina y nevera por 45. El sitio era céntrico, espacioso, nos ahorró pasta porque cocinamos allí, tenía vistas y… agua caliente!!! Fue un momento mágico cuando me metí en esa ducha, hice cuentas y me dí cuenta de que, desde que salí de Medellín, el 25 de Julio, es decir hace dos meses, sólo una vez había disfrutado de semejante lujo. Fue en Mérida en la posada de los hijos del mal aquellos que nos echaron al día siguiente por no contratarles un tour. No es que hiciera mucho frío en los sitios por donde había estado durante ese tiempo pero aún así, ducharse con agua fría siempre es jodido. En cualquier caso, para encontrar apartamentos de este tipo hay que buscar en las calles de detrás de la panadería del pueblo. Hay bastantes carteles de “aluga-se” que señalan casas o habitaciones en alquiler. La bahia de los GolfinhosLos mejor de Pipa son las playas. La praia da Centro y la praia de Amor son las más cercanas. En cinco minutos estás allí y ya te encuentras en un sitio que merece mucho la pena. Arena de la buena, el mar de un color super agradable y barracas que te sirven birras y caipirinhas. Gente surfeando en el agua, gente jugando al volleyball fuera. Muy bien ambiente y todo muy limpio. Los brasucas parecen tomarse en serio lo de que sus playas estén en condiciones. Si caminas desde la praia de Amor hacia el Sur pasas por un lugar con rocas negras bastante curiosas que, por momentos, recuerdan al paisaje de la cima de Roraima. Al final va a resultar que no hacía falta un trekking de cinco días para ver un paisaje lunar, valía por darse un paseo por la playa. Hay que joderse. Hacia el Norte se abre la bahía de los Golfinhos. No se llama así porque esté llena de golfos (aunque alguna golfilla si que hay) sino porque es un lugar al que acuden a retozar un buen número de delfines (golfinho = delfín en portugués). Nos habían dicho que se acercaban tanto a la costa que se los podía ver de cerca e incluso nadar con ellos. Sonaba a la típica exageración propagandística y que para ver a alguno se tendrían que alinear unos cuantos astros pero cuando llegamos allí vimos que era tatalmente cierto. Fue una pasada. Estás allí bañándote y ves a pocos metros las aletas de esos simpáticos bichos cuando salen constantemente a respirar. De cuando en cuando alguno incluso da un salto o asoma el hocico para saludear o para papearse a un desgraciado pájaro que esté volando demasiado bajo. Evidentemente no se van a acercar a tí lo suficiente para que les des una colleja, ni resulta nada fácil sacarlos en una foto porque sólo salen un segundo a respirar. Aún así, sólo verlos allí “compartiendo” el agua contigo resulta una gran experiencia y hace que las playas de Pipa entren directas a mi top 5 del viaje. No son sólo los delfines. La arena está muy bien y el agua limpia. No hay muchos brasas de esos que te joden el día playero tratando de venderte algo cada cinco minutos. Hay viento sí, pero para nada tan terrible como el que soplaba en Jeri e, insisto, estamos en la época ventosa de esta parte Brasil. Se puede estar perfectamente allí. Seguro que algo tienen que ver también los cerros multicolor que rodean toda la playa y le dan un aspecto tan particular. Surfing PipaEn Pipa también hay paseos en buggies y movidas por el estilo, bastante más baratos que los de Jeri por cierto. Pero lo que acabamos haciendo allí fue algo bastante más convencional y accesible. Algo que me había planteado ya hacer en otras etapas del viaje, especialmente en el Norte del Perú. Vamos a ver de qué va esto del surf! Dicen que Pipa, y especialmente la playa en la que estábamos, es ideal para gente que empieza con este deporte porque hay olas pero suaves y estupendas para aprender. Así que contratamos a un instructor para los dos. De una hora íbamos a disponer para que el hombre consiguiera que al menos nos pusiéramos de pie en la tabla. El asunto empieza con los pertinentes ejercicios de calentamiento. Luego te explican como te tienes que mover para acabar erguido en la tabla mientras la ola te lleva en lugar de estrellarte en el agua. Parece sencillo, un movimiento seco, como haciendo una flexión tiene que llevarte a la posición adecuada: las piernas separadas en el centro de la tabla, el cuerpo flexionado, los brazos extendidos y la vista al frente, hacia la playa. Tenía yo el presentimiento de que, a pesar de mi nula coordinación corporal, aquello se me iba a dar bien. Veía hacerlo a la gente y no parecía tan difícil. Vaya presentimiento de mierda. Lo intenté millones de veces y fracasé miserablemente en todas menos en dos que conseguí aguantar erguido unos segundos. Fue un desastre aquello y notaba que la paciencia del instructor no daba más de sí. En teoría no es tan difícil. Él te pone en una ola, te empuja la tabla y te grita indicándote cuando te tienes que poner de pie. Todo lo que tienes que hacer entonces es el puto movimiento que practicaste en la arena. Demasiado para mí, siempre la cagaba en algo, generalmente terminaba con las piernas demasiado juntas y la tabla se me iba a la mierda. Está claro que hay ciertas cosas que no debería ni intentar y aún debería estar agradecido de que no me acabé reventando la cabeza. Lo peor es que a Sole se le dió de puta madre. Triunfó a la tercera y ya apenas volvió a caerse más. Cada vez que lo intentaba ella iba de pie casi hasta la orilla como si llevara toda la vida haciéndolo. Cada vez que lo intentaba yo naufragaba al instante como un retrasado . Y sí no era capaz de hacerlo cuando tenía al tipo que me ponía en la ola buena y me empujaba mucho menos cuando se piró porque habíamos agotado la hora que teníamos de enseñanza. Teníamos las tablas para seguir practicando y la verdad que lo intenté alguna vez más pero ahora era mucho más difícil porque había que colocarse y pillar la ola adecuada, asunto que no nos había explicado del todo. Al menos eso sirvió para que Sole dejará de conseguirlo En fin, supongo que la plata estuvo bien gastada para salir de dudas y descubrir que el surf NO es lo mío y al menos Sole se fue contenta así que todo bien. Un buen ejercicio eso del surf, por otra parte, se cansa uno bastante… Fue la despedida de Pipa que, supongo os habeis dado cuenta, vence a Jericoacoara en mi particular concurso de playas mochileras. No me extraña que mi colega Pedro se pasara meses viviendo allí. Es un lugar tranquilo, seguro, divertido, con cosas que hacer y sin pretensiones. Un sitio en el que estuvimos dos noches y tres días que viene a ser un record para el ritmo que llevamos pero en el que nos hubiéramos pasado una semana. No podía ser y nos piramos en un bus a Recife, la penúltima parada de thecaptainflint/america. Esto se acaba amigos.
admin on 18 September 2010
Jericoacoara y Pipa son los destinos playeros para mochileros por excelencia del Norte brasileiro. Los dos tienen fama de ser lugares con ese tìpico rollete hippie - surfirsta que atrae turistas y personajes de todo pelaje. En principio no íbamos a hacer los dos por lo que había que decidir en cual parar de camino a Recife. El asunto dió muchas vueltas y el plan cambiaba cada cinco minutos. Pipa era el lugar recomendado por gente que había estado en ambos lugares. Pero Pipa estaba a tomar por culo de donde estábamos, algo así como 32 horas de bus más esperas y además implicaba retroceder a Sao Luis. Desde allí debíamos pillar otro bus eterno a Fortaleza, otro más a Natal y otro más a Pipa. Demasiado tiempo encerrados y, lo que es peor, gran parte de ese tiempo tocaría hacerlo de día. Jeri estaba más cerca y también tenía buenas recomendaciones pero la comunicación era complicada y carísima. Se podía ir en transporte público pero era un lío importante, llevaba dos días y no salía muy barato. Se podía ir también en un jeep contratado desde Barreinhas que nos dejaba allí en siete horas pero la broma salía por 200 reales por cabeza. La ruta a JeriLa mañana después de los Lençóis nos levantamos firmemente convencidos de que íbamos a Pipa. Los 200 reales nos parecían demasiado. Siin embargo el plan dió un último e inesperado giro. Cuando ya me dirigía a comprar los billetes de bus de vuelta a Sao Luis divisé a otras dos mochileras hablando en español y además de Jeri. Resultaron ser Johana y Delia, una mallorquina y una catalana que llevaban un rato braseando a los conductores de jeeps a ver si conseguían bajar el precio del traslado a Jeri. Siendo cinco el coste se dividía mejor y además teníamos mayor poder negociador. Conseguimos rebajar los 200 a 125 y aquello ya cuadraba más. Esa misma noche podíamos estar en Jeri mientras que lo de Pipa nos iba a costar dos días. Nos íbamos a Jericoacoara. Dice la Lonely que el recorrido desde Barreinhas a Jeri es memorable. Le doy la razón en lo que se refiere a la primera parte que fue una auténtica lucha del Land Rover Defender y de Joao, su conductor, contra las dunas de arena blanca de los llamados pequeños Lenhois. Aquello duró como una hora y fue lo más memorable de todo el trayecto. Bueno, para todos menos para Johana que iba en el asiento de atrás golpeándose la cabeza constantemente. Atravesamos pueblecitos remotos por caminos apenas trazados en las dunas, atravesamos ríos, vimos algún que otro bicho curioso y comprobamos que nuestro conductor era una máquina al volante además de un tipo peculiar, mitad portugués mitad español que llevaba una agencia de viajes en Fortaleza pero de cuando en cuando se ponía él al volante porque le molaba. La jornada viajera a bordo del jeep prometía mucho en ese momento pero luego se normalizó. A la arena le sucedió una carretera recién construida en la que hubiera podido conducir sin problemas hasta yo después de beberme 20 copas. No hubo más emociones fuertes salvo el momento en que Joao nos dejó esperando en un restaurante diciendo que volvía en un rato y acabó tardando bastante más. Por momentos nos vimos continuando el viaje sin más ropa que la que llevábamos puestos pero no, Joao era un gran tipo y regresó. No obstante seguimos siendo demasiado confiados… Tras un último tramo que sí tenía algo más de dificultad porque no había carretera y el jeep tenía que circular por la arena de la playa, llegamos a Jeri. Allí todo tenía pinta de ser extremadamente caro, sobre todo las posadas que eran realmente lujosas. Sin embargo también hay sitios para tiradetes y acabamos metiéndonos en un lugar llamado Albergue da Juventude que llevaba un gordito muy simpático y sensible a nuestras limitaciones económicas. Eran sólo las nueve de la noche y ya estámos a la vista de la playa. De haber ido a Pipa directamente estaríamos a punto de subirnos al segundo de los cuatro buses que nos iba a costar llegar. Fue, claramente la jugada más aceptable. Cenamos, nos dimos una vuelta y nos fuimos a sobar con la satisfacción de saber que el día siguiente era de descanso y de playita… JericoacoaraLa primera impresión es que de hippie ya no tiene nada. Hay posadas lujosísimas, de esas que te hacen sentirte un vagabundo y te dejan pensando si algún día te alojarás allí en lugar de en el albergue del gordo. Hay restaurantes con muy buena pinta y precio altísimo. Hay tiendas de bikinis, de gafas de sol, joyerías…Aquello es como la zona del puerto de Marbella sólo que sin exagerar tanto. Es caro pero no terriblemente caro. Es snob pero no terriblemente snob. A lo mejor hace unos cinco años no era ninguna de las dos cosas. Muy probablemente dentro de otros cinco años deje definitivamente de ser un sitio accesible para mochileros. A día de hoy aún se puede ir y no te sientes del todo miserable. El lugar no es grande pero aún tiene ese par de calles oscuras y alejadas del ambiente sofisticado cercano a la playa donde te puedes comer un menú por cinco reales y alojarte por quince. La playa es bonita, con esa duna enorme blanca al final que queda muy cool pero, para mi gusto, tiene unas cuantas faltas. La primera es la arena, dura y de un color poco agradable. El agua no es especialmente clara y hay algas por todas partes. Además está el viento, protagonista indiscutible de este lugar, para lo bueno y para lo malo. Es cojonudo para todos esos flipadetes de deportes como el windsurf o el kitesurfing, una mezcla entre el surf y el parapente. Jeri debe ser uno de los mejores lugares del mundo para practicarlos. En la punta de la playa opuesta a la duna se veían decenas de velas. Pero el viento hace que Jeri, como playa para simplemente relajarse,tomar el sol y remojarse el trasero, deje mucho que desear. Es un auténtico coñazo estar allí con toda esa arena que se te viene encima constantemente, arrastrada por un viento feroz que no da un segundo de tregua. Igual no es así de terrible todo el año, al parecer estamos en la época más ventosa de la zona, pero en las condiciones que nos tocaron a nosotros aquello no era sostenible. Mi conclusión fue instantánea: Jeri es un lugar cojonudo para ir con mucho dinero y ganas de aprender alguna actividad novedoso - ventosa. O para pegarse unos cuantos paseos een buggy por las dunas del lugar. Había multitud de brasillas por allí ofreciendo todo tipo de paseos a lagunas cristalinas, playas remotas y maravillas del estilo. Ahora bien, ninguno era precisamente barato, ni para nosotros ni para el resto de nuestros compañeros de viaje que iban aún más pelados de pasta. Y resulta que lo que uno contrata es el coche entero así que o lo llenas o te sale por un ojo de la cara. Tuvimos que descartar el paseo en buggy. Es lo que tiene haber aterrizado en este lugar a finales de nuestro viaje, cuando el presupuesto no da mucho más de sí. Lo último era el tema nocturno y eso tampoco parecía dar mucho de sí. Es temporada baja al parecer y allí había más bares que turistas. Se veía aquello bastante muerto. Era entre semana, no obstante, igual el finde explota. De todos modos lo de salir de fiesta tampoco fue nunca el objetivo de este viaje y menos ahora. Lo que más nos moló de Jeri fue la duna gigantesca a la que nos subimos para hacer el gañán un poco. La vista de la playa desde allí es cojonuda. Ah bueno, y el atardecer que fue otro de esos espléndidos que se ven en Brasil constantemente. Hay que admitir que, por mucho viento que haya, el lugar es precioso. Así las cosas el plan dió un giro más y decidimos no darle a Jeri más de un día y pirarnos a Pipa que, ahora sí, quedaba a una distancia razonable. Apenas 20 horitas de bus, 10 de ellas nocturnas. Habíamos descansado con un día entero de playa y sin bus. Nos habíamos bajado unos buenos rones y nos habíamos echado unas risas. Sólo por eso el paso por Jeri había merecido la pena y, a pesar de todo, se merece mi recomendación. Gran lugar pero eso sí, id con pasta y lo aprovechareis mejor que nosotros.
Tags: Jericoacoara, Playa |
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