Paco in America es la historia de mi viaje por América Latina. Comenzó en Brasil, el 21 de Enero del 2009. Ahora vivo en Buenos Aires (Argentina), donde encontré un trabajo .
admin on 8 March 2010

Esta noche estaré por última vez en el 3425 de la calle Virrey Avilés, Colegiales, Buenos Aires, la que ha sido mi casa durante los últimos 10 meses. Un periodo muy intenso que merece la pena recordar.

Los comienzos

Me mudé a Virrey Avilés en Mayo del año pasado. Resulta curioso recordar lo que escribía entonces al respecto de lo que prometía el lugar:

No debería hablar de piso sino de CASA, en mayúsculas. Dos plantas enormes, salón gigantesco, patios interiores, terrazas varias y toda la azotea accesible. Jamás he vivido en un lugar tan gigantesco. Orense2 a su lado parece una caja de cerillas. Lamentablemente ya no tardo 5 minutos en llegar andando al curro, ahora tardo 15 ;) Y lo mejor del lugar es el aspecto social. ¿No querías caldo Paco?. Pues toma dos tazas. Ocho personas somos allí, una curiosa mezcla de gays argentinos (4), chicas argentinas (2) y gringos (un inglés y yo). Vamos que hay de todo en el lugar. Los argentin@s cojonudos y el inglés en seguida se ha revelado como un gran castigador de la noche y preveo que voy a tener noches bastante crápulas con él. Se ve que esperaba un flatmate hetero con el que salir a liarla como agua de Mayo. Y el resto pues aún tengo que conocerlos, con tanta gente hasta me cuesta recordar los nombres, pero se ve que tienen montado un gran mundo allí. Los findes esa casa es un hervidero de amigos de los argentinos, gringos que trae el inglés, españoles que traigo yo… En fin, no sé si os está sonando como lo que decía antes que necesitaba aquí pero yo lo veo así.

Y ciertamente el lugar estuvo a la altura de las expectativas creadas desde el primer momento. El primer Sábado que estuve allí se armó una fiesta monumental en la que simpaticé con todos los componentes de la casa y descubrí que una de mis compañeras de piso estaba realmente buena. Tres días después terminé durmiendo en la habitación de ella tras un Martes de fiesta que se nos fue de las manos y de allí ya no me moví, historia que ya conoceis

El caso es que yo nunca había vivido con tantísima gente, mi record eran los 6 que vivíamos en aquella residencia universitaria de Newcastle. La diferencia es que aquí en lugar de un departamento diminuto teníamos un caserón gigante que brindaba ilimitadas posibilidades de liarla. En aquellos primeros tiempos me sorprendía lo activos que eran los gays montando eventos, lo mucho que se lo curraban, con cenas multitudinarias, fiestas en las que cobraban entrada y contrataban DJs y juegos de luces. Casi profesional oiga… El ambiente en la casa “parecía” de primera, una comunidad de argentinos conviviendo juntos en aquel lugar fantástico, la inmersión cultural perfecta para mí.

La I Guerra Civil de Virrey Avilés

P1020535Sin embargo pronto me dí cuenta de que las cosas no eran tan bonitas como parecían y la convivencia entre mis compañeros de casa era de todo menos perfecta. Empecemos a identificar a los sujetos protagonistas de esta historia para los que, salvo los que son amigos míos y algunos ya conoceis, no utilizaré nombres sino seudónimos elegidos totalmente al azar. Tenemos a los cuatro gays de la casa, Adrián, Neutral, Pasota y Avaricioso. Tenemos a las dos chicas de la casa, Sole y Falsa. Y tenemos al inglés, Alex.

Todos salvo Adrián y obviamente Alex, son argentinos que vinieron de interior en busca de oportunidades en BA. No tengo muy claro en qué circunstancias pero el caso es que se las arreglaron para conseguir una casa tan grande a un muy buen precio y llevaban ya unos meses viviendo en ella. Meses en los que, pronto me enteré, ya habían tenido tiempo para cambiar de compañeros de piso varias veces y tener varias movidas importantes, alguna de las cuales acabó incluso a golpes (vaya con los gays, quien lo diría…).

Poco a poco, y a raíz de mi relación con Sole, me voy enterando de cosillas. Todo huele bastante a podrido en Virrey Avilés, empezando por la propia casera que en realidad no es la dueña sino una oportunista que se aprovecha de la auténtica propietaria, una viejecita senil que acudía a sus clases de yoga. Parece ser que, aprovechando el estado mental de la pobre ancianita, la otra se hizo cargo de la casa y mejor no saber qué parte del alquiler le acaba llegando a quien le correspondería (bienvenidos a Argentina chicos!).

De algún modo, Avaricioso entró en contacto con esta mujer y logró conseguir un alquiler realmente barato con la condición de que los ocupantes de la casa se ocuparían de determinados arreglos que ésta necesitaba. Cuando el grupo original se resquebrajó y varios componentes se piraron, Avaricioso tuvo la genial idea de meter extranjeros en las habitaciones que quedaron vacías, primero al inglés y luego a mí. No parece que su motivación fueran las ganas de disfrutar de un divertido ambiente internacional, teniendo en cuenta que los nuevos, llamemósles ciudadanos de segunda clase de la casa, pagaban tres veces más de alquiler que los ocupantes originarios. En realidad la desproporción es aún más exagerada si analizamos el caso particular de Avaricioso, que a cambio de mudarse a la habitación más pequeña de la casa, negocío un alquiler exclusivo para sí mismo que resultaba nueve! veces inferior al que el inglés y yo pagábamos. Imaginemos una moneda ficticia llamada gallifante, la distribución de alquileres sería la siguiente. Grupo I: Avaricioso - 100 gallifantes. Grupo II: resto de argentinos - 300 gallifantes. Grupo III: gringos - 900 gallifantes. En defensa del orden establecido podría decirse que ellos pagaban facturas y tal, también podría decirse que ellos disfrutaban de los beneficios de explotación de la casa que incluían fiestas profesionales en las que se recaudaba plata o el alquiler del garaje como almacén de muebles.

En fin, no es algo que se les pudiera echar en cara, a mí me habían dicho que iba a pagar 900 y yo lo había aceptado, siendo como era además un precio barato para lo puede llegar a pagar un gringo que busque casa en esta ciudad. Siempre tuve claro que no iba a pagar lo mismo pero la verdad es que enterarme de que estaba pagando más del doble que el resto de ocupantes “normales” de la casa (de Avaricioso mejor no hablamos), me tocó un poco las pelotas. Una cosa es aquello que hacíamos en Madrid de cobrar 30 o 40 euros más en un alquiler de 400 para cubrirnos y otra cosa esto. Una vez más se demostraba esa lamentable aunque supongo que entendible tendencia de los argentinos a ver todo europeo / gringo como un euro / dólar con patas. Así era el trato y yo lo había aceptado, pero por mucho que esto fuera así, no es la mejor forma de fomentar un buen ambiente de convivencia en una casa. Poco se podía hacer, no obstante, la casa era suya y, si bien algunos de los argentinos eran partidarios de un reparto más igualitario del aquiler, mientras Avaricioso, que era el que tenía el contrato, estuviera en el poder las cosas serían así.

Lo sorprendente es que ellos solitos reventaron la casa y el orden establecido del que hablaba en el párrafo anterior. Ellos solitos acabaron peleándose entre ellos y abandonando la casa progresivamente hasta dejarla en manos de los gringos, cosa que nunca hubiera ocurrido si de verdad hubieran sido amigos. Pero es que aquella gente estaba a años luz de ser un grupo unido. Avaricioso, Falsa y Neutral sí lo parecían, hacían cosas juntos y compartían un montón de amigos comunes que estaban por la casa constantemente. Avaricioso y Falsa parecían compartir además una aguda alergia al trabajo, que les obligaba a pasar mucho tiempo de convalecencia en la casa. Supongo que cuando estás pagando 100 gallifantes (al cambio unos 20 euros) por una habitación tampoco hace falta que trabajes mucho.

Pasota era un ente independiente que no parecía tener mucho interés por lo que pasaba a su alrededor en aquella casa. No tenía pinta de ser mal tipo, pero no se le veía muy integrado en todo aquello, muy posiblemente porque sabía de toda la basurilla que había detrás de la aparente buena onda de la casa. A su favor puedo decir también que fue uno de los que se mostró en contra de la política gringo = $$$ de la casa.

Por algún motivo que aún permanece desconocido, Falsa odiaba profundamente a Sole y eso acabó haciéndose recíproco generando una cierta tensión en la casa. ¿envidia? ¿competitividad femenina?¿cosas de los signos zodiacales? Dios sabe qué, las mujeres son absolutamente incomprensibles a veces con esas cosas.

Me queda por hablar de Adrián, que mantenía una muy buena relación con Sole y, por extensión, conmigo. Sin embargo su relación no era tan buena con el resto de componentes de la casa y, aún peor, con los amigos de éstos que la utilizaban como punto de reunión habitual los fines de semana, dejando porquería sin limpiar tras de sí. Un buen día Adrián consideró oportuno mandar un mail al respecto de esto… Aquel texto fue incendiario y tuvo unas consecuencias maravillosas. Falsa se sintió tan sumamente ofendida que abandonó la casa a los pocos días, sin considerar oportuno despedirse ni de Sole (obviamente), ni de los ciudadanos de segunda. Al parecer no sólo no aguantaba a Sole sino tampoco a mí a pesar de que no cambiamos más de cuatro o cinco frases, será de nuevo por extensión supongo. Me dí cuenta de que el modus operandi de aquellos individuos era ese tan clásico de “hablo mal de X a sus espaldas pero luego le sonrío” y todo ese rollete falsete que uno pensaría que se supera al pasar la adolescencia. En cualquier caso, a Falsa nadie la echo de menos y su marcha, que rebajó la tensión en la casa, hay que agradecersla a aquel email. Grande Adrián!

No se sabe si también por el mismo motivo, pero el caso es que Pasota también anunció su marcha de la casa, circunstancia especialmente conveniente para Sole y para mí porque nos hicimos con su habitación que estaba comunicada por una puerta con la de ella, construyéndonos de este modo un agradable dos ambientes con salón y dormitorio dentro de la enorme casa.

La marcha de estos dos miembros fundadores propiciaba la aparición de un nuevo escenario político en Virrey Avilés. Avaricioso perdía un apoyo fundamental y se distanciaba aún más de Adrián que cada vez tenía más afinididad con Sole y conmigo, que a su vez, nos llevábamos bien con Álex, el inglés. Con Neutral también teníamos buen trato. A pesar de que éste era muy amigo de Avaricioso, se las ingeniaba para llevarse bien también con nosotros. En fin, digamos que íbamos constituyendo una facción gringo - argentina que aspiraba a hacerse con el poder de la casa a costa de Avaricioso, al que ninguno teníamos mucha simpatía. No obstante también había problemas que solucionar en este bando, Adrián y Álex tenían una muy mala relación que por momentos llegó al punto en que no se hablaban e hizo falta bastante diplomacia para que la cosas no empeoraran aún más entre ellos.

El caso es que, con este panorama, había que buscar ocupantes para las dos habitaciones que habían quedado vacías y, de paso, ver qué pasaba con el reparto del alquiler ahora que dos de los miembros fundadores habían abandonado el lugar. Adrián y Sole propusieron igualar la renta de la casa para los que ya estábamos y mantener el precio de gringo para los nuevos. Era una solución tentadora para Álex y para mí pero también suponía mantener la injusticia para con los nuevos. Se vivieron algunas discusiones al respecto de esto que pusieron de nuevo en peligro la unidad de la coalición argentinos honestos - gringos en busca de un trato igualitario. Al final, y un poco a regañadientes, Álex y yo aceptamos la propuesta que, para que nos vamos a engañar, nos hacía pagar bastante menos. Neutral aceptó la idea pero, como era de esperar, Avaricioso se negó en redondo a pagar ni un gallifante más así que el nuevo orden establecido quedó así: Grupo I: Avaricioso - 100 gallifantes, Grupo II: Adrián, Sole, Neutral, Alex y un servidor: 350 gallifantes, Grupo III: los dos nuevos - 700 gallifantes.

La verdad es que, llegados a este punto, yo daba por seguro que Avaricioso se las iba a ingeniar para meter a dos partidarios suyos en la casa y hacerse fuerte de nuevo, pero el tipo tuvo la mala ocurrencia de largarse de viaje a Europa en ese momento. Cuando volvió ya habíamos reclutado a los dos nuevos: un noruego y una alemana procedentes de un anuncio que puse en Couchsurfing. El sector gringo de la casa aumentaba y Avaricioso cada vez se encontraba más sólo, a pesar de lo cual seguía aferrándose al lugar como a un clavo ardiendo. Amenazó con irse un par de veces pero luego siempre se echaba atrás, supongo que no le resultaba fácil mejorar sus condiciones económicas en ningún otro sitio y supongo también que le jodía dejar su querida casa en manos de aquella banda de jodidos gringos que resultaba que ahora empezaban a pagar como argentinos. Eso debía dolerle al bueno de Avaricioso y dió lugar a la II Guerra Civil de Virrey Avilés de la que ya hablaré si esta primera entrega gustó ;)

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admin on 28 February 2010

Ni siquiera en los barrios más europeos de Buenos Aires he sentido la sensación de estar “de vuelta en casa” que sentí a medida que el autobus que nos traía de Punta del Diablo se adentraba en la península de Punta del Este. Miraba alrededor y me parecía que bien podía estar en Marbella, Benidorm o cualquiera de las típicas ciudades playeras que tenemos en el litoral ibérico. Con esos edificios altos de apartamentos de verano por todas partes, avenidas amplias, su paseo marítimo y sus playas llenas de gente. Resulta además que Punta del Este es el lugar de moda de la jetset de Buenos Aires. Como Argentina no es un país que destaque precisamente por sus playas, generalmente más frías de la cuenta, cuando llega el verano de aquí todo el mundo trata de escaparse al Sur de Brasil o a Uruguay. Y parece que todo el que es alguien en el famoseo argentino acaba en Punta del Este, o al menos eso dicen las revistas del corazón que no tengo otro remedio que leer mientras espero en mi bar de empanadas favorito.

mapapuntadeleste

Nada más salir de la estación de autobuses uno se encuentra con la playa Brava que, como su nombre indica, es la que tiene más oleaje. Allí está el símbolo oficioso de la ciudad: los Dedos de Punta del Este, que surgen de la arena como si hubiera una mano enterrada allí. Es esa foto típica que te tienes que hacer sí o sí aunque te lleve un rato esperar a que no haya otra decena de gringos alrededor.

Los Dedos, Punta del Este

Como de costumbre, hay una calle peatonal que recorre el centro de la península, llena de tiendas de ropa, souvenirs y movidas por el estilo. Hay que decir sin embargo que a mí no me pareció el lugar tan caro como su fama hacía temer. Hice el gringo y me compré un bañador y un pareo de playa por precios relativamente decentes. También es cierto que estaban rebajados por ser final de temporada. En cuanto a comer no tengo experiencia de primera mano en esto porque por una vez habíamos estado hábiles y habíamos papeado antes de llegar. Sin embargo, viendo las cartas de los restaurantes al aire libre no me pareció escandaloso, desde luego no más barato que Punta del Diablo que se suponía era el lugar mochilero - tiradete.

Punta del EsteEn fin, que el lugar, en contra de mis expectativas, me moló mucho. Curiosamente Punta del Este que era, a priori, el lugar que menos encajaba en mi forma de funcionar acabó triunfando más que Punta del Diablo que era el objetivo del viaje. Ayudaría seguramente el día perfecto que tuvimos y las playas magnificas de la ciudad, con sus arenas blanquísimas y sus aguas limpias. El paseo por la costa de la península entera resulta muy agradable, se han currando bien el sitio, con plataformas de madera, restaurantes en el paseo marítimo, música en vivo…Esta vez sí me animé a remojarme y hasta nos dió el solecito. Objetivo cumplido, último día de playa del año en un lugar impecable.

Acabamos el recorrido en la playa Mansa, tras pasar por un puerto petado de yates (como decía, este lugar es claramente la Marbella de Uruguay) y algunas fragatas ancladas que, al parecer, cuando no están allí, están dando la vuelta al mundo tripuladas por las nuevas promociones de marinos de la armada uruguaya. Una siesta y un atardecer de película, con el sol escondiéndose por detrás de los árboles de la isla Gorriti en un naranja espectacular.

Atardecer, Isla Gorriti

Para terminar, de vuelta al puerto, quedaba el show de los lobos marinos. Siguen encantándome estos bichos a los que tuve la oportunidad de ver en Ushuaia e incluso de bucear con ellos en Puerto Madryn. Aquí los cachondos se subían al embarcadero del puerto sin ningún tipo de complejos y sin preocuparse de tener a todos los turistas haciéndoles fotos a medio metro. El espéctaculo como siempre no defraudaba, exhibición de comportamientos cetáceos, amontonándose, gritándose entre ellos y haciendo poses de lo más graciosas. Unos fenómenos estos bichos, se subían a los muelles del puerto como sin anduvieran por su casa.

Conluyendo, no se me ocurre un lugar mejor para irse con un grupo de amigotes, alquilar uno de esos apartamentos y pasarse el día de playita y la noche de farra. Me recordó a aquellas míticas escapadas a Alicante o Marbella con mis colegas de Madrid. No ví a ningún famoso argentino de esos que supuestamente inundan el lugar en temporada alta, seguramente porque apenas conozco a ninguno. Pero me dió el sol, me dormí una buena siesta en la arena, me remojé y me quedó la sensación de más o menos haber cumplido con los sitios más característicos del país vecino.

Paco, maestro del desastre

En este viaje estrenaba unas cuantas cosas: cachimba portátil, cámara sofisticada, MP3 lujoso con enorme capacidad…. Una de ellas no sobrevivió ni a la primera batalla. El super MP3 protaganizó una de esas desapariciones ilógicas a las que uno no logra encontrarle explicación. Que si se cayó al cambiarme en el baño, o quizás fue el sacar la cámara, o Dios sabe qué pasó. El caso es que no apareció por ningún sitio. Fantático Paco, otra cosa que pierdes tú solito sin siquiera estar borracho… Lamentable estreno de mi nuevo kit de viaje, la primera en la frente. 85 euros a la basura…Menos mal que pasó a última hora que si no me amarga el viaje….

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admin on 27 February 2010

Uruguay no es Brasil pero tiene playas bastante decentes repartidas por el todo el litoral Este, más Atlántico puro y menos Río de la Plata. A causa de eso el país lo inundan en temporada alta (Diciembre - Febrero) miles de porteños que huyen del denso calor de Buenos Aires para refrescarse un poco. En realidad ese era el principal objetivo de este viaje, lo de Montevideo era un bonus posible gracias a la maravillosa política de tele-trabajo de IBM que me permitió trabajar desde la casa de Diego, mi colega uruguayo, el Jueves y el Viernes. El plan era largarnos el finde a una de esas playitas en lo que podía fácilmente ser mi última oportunidad de remojarme el culo en un buen tiempo.

Como destino de la escapada habíamos elegido uno de los, en teoría, puntos más espectaculares del litoral uruguayo, hasta el nombre prometía: Punta del Diablo. Originalmente un pueblecito de pescadores, esta localidad del municipio de Rocha se ha ido haciendo famosa en el mundo mochilero como un lugar medio hippie con mucha fiesta, ambiente trotamundos y buenas playas para hacer surf. Es, en teoría, todo lo contrario de la vecina Punta del Este, el sitio de moda de la clase alta argentina, pijo hasta decir basta y caro de cojones.

En Punta del Diablo el rollo es más desenfadado y rústico, la primera impresión lo confirma. Callecitas sin asfaltar, cabañas pequeñas y muy poca infraestructura dan una impresión de lugar remoto, más a las 5 de la mañana, hora a la que llegó el bus que nos traía de Montevideo. Se veía poca gente por allí y la poca que había daba la impresión de haber tenido una noche bastante dura. Nos cruzamos con una pequeña representación de individuos peculiares del lugar, desde el tipo que nos quería alquilar una cabaña e iba puesto de merca hasta las cejas hasta el rastafari que se paseaba silencioso salvo por unos ruidos guturales que hacía con la boca. Sí que pareció en ese momento que el lugar iba a estar a la altura de su reputación hippie y desenfadada.

Nos costó un poco pero llegamos al hostal que habíamos reservado por Internet, también de nombre sugerente: el Diablo tranquilo. El sitio tenía muy buena pinta. Un caserón grande en frente de la playa que funcionaba como hostel y bar. Mesitas al aire libre y hamacas en una terraza con una gran vista. Se notaba que había habido jaleo allí, por desgracia había terminado antes de que llegáramos nosotros. Botellas vacías por doquier, peña destruida en los sofas y un baño lleno de vómito, señales claras de que se había castigado aquella noche.

Como era muy pronto no nos quedo otra que tirarnos primero en las hamacas y luego más calentitos en el desierto bar mientras se hacía el check out de nuestra habitación. No hay mal que por bien venga y gracias a eso vimos un bonito amanecer que fijo nos hubiéramos perdido si hubiéramos tenido la posibilidad de pillar una cama directamente. Aprovecho la ocasión para presentaros a mi nueva cámara, reemplazo de lujo de aquella que murió en Torres del Paine en tan tráficas circunstancias. Muy listo no soy porque, a pesar de mi destructivo historial, por una vez me he decidido a dar un salto de calidad en esto de la fotografía y me he comprado una Bridge FinePix S1500, con un zoom cojonudo que hace unas fotos de la hostia. Aún me falta aprender a hacer algo mejor que poner el modo automático, pero aún así los resultados son muy buenos. En fin, fijo que la acabo perdiendo, rompiendo, mojando u olvidando en cualquier lugar (generalmente no hace falta que nadie me robe, yo solito la cago). Habrá que disfrutarla mientras dure…

Punta del Diablo

Se hizo de día y empezó a hacer calorcito, aunque no el suficiente para que deciciéramos meternos al agua. La verdad es que, a la luz del día, Punta del Diablo decepcionó un pelín. La playa se masificó bastante de peña y la que quedaba a un rato andando estaba más desierta pero también más sucia. En el último fin de semana de temporada alta no quedaba ya mucho mochilero por allí sino más bien familias de uruguayos domingueros. Además resultó que el sitio era increíblemente caro para comer. La idea de ponernos ciegos a pescadito para variar de tanto asado se nos fue a la mierda rápidamente y suerte tuvimos de acabar comiendo unos tacos a un precio algo más razonable. El Punta del Diablo hippie y bohemio del que hablan las guías debió de pasar a mejor vida hace ya unos cuantos años porque lo que queda es un sitio totalmente “overpriced” y sin tantos atractivos naturales como se dice.

Punta del Diablo

Punta del DiabloEn fin que, en mi humilde opinión, si no eres un surfista empedernido o te plantas allí en temporada alta, me atrevería a decir que no tiene mucho sentido ir. Nosotros nos lo pasamos bien igual, nos hicimos fuertes en la terraza con nuestra cachimba portátil, mi flamante MP3 nuevo con altavoces portables (ver Paco maestro del desastre en el siguiente post) y un par de botellitas de Havanna Oro. Cuando la noche estuvo más avanzada apareció un tipo calvo que tocaba a la guitarra temas que su escaso público elegía de una lista. Tenía algo de Sabina, Calamaro y cosillas así y no cantaba mal pero es que había muy poco que hacer por allí, se vé que el día fuerte había sido el anterior y casi todo el mundo se había pirado del hostel. Apenas quedaban dos australianas que además de feas eran antipáticas (terrible combinación!) así que no hubo forma de pelear nada para el bueno de Diego, yo ya sabeis que estoy retirado de este tipo de batallas, aún no sé si temporal o permanentemente.

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Visto lo visto tomamos la decisión de que un día allí era más que suficiente y que al día siguiente cambiábamos de aires. ¿os acordais al principio del post, cuando hablaba de Punta del Este, el sitio pijo? Pues para allá que íbamos a ver qué onda. Como anécdota curiosa mencionar que Diego no fue capaz de encontrar sus pantalones por la mañana, y no precisamente por habérselos quitado en algún interesante la noche anterior. Aún no se explica el hombre que pasó, la teoría más razonable es que alguno de la habitación se confundió y los metió en su mochila. La más desconfiada culpa a un bigotudo super brasas que pululaba por el hotel fumando porros como si se fuera a acabar el mundo, cortando la luz para divertirse y entrando en las habitaciones sin motivo aparante. En fin, poco importaba en realidad, nos íbamos a codearnos con la jetset en Punta del Este…

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admin on 26 February 2010

A la tercera va la vencida. En mi tercer viaje a la capital uruguaya por fin la ví de día. Un vuelo a precio decente de Aerolíneas y la necesidad permanente que tengo de escaparme de vez en cuando del denso Buenos Aires posibilitaron una escapada uruguaya que acabo siendo bastante más completa de lo esperado.

Empecemos por Montevideo, la vecina del otro lado del Río de la Plata no puede ser más distinta de Buenos Aires. Muy tranquilita y con un aire más a viejo, al menos en su centro. Con fama de ser bastante más segura y algo más europeizada en determinados aspectos. La contrapartida a esto es que tiene pinta de que uno puede llegar a aburrirse bastante viviendo aquí.

El centro de la ciudad es una mini-península rodeada por el Río de la Plata que se conoce como la Ciudadela. El punto de entrada a la misma es la Plaza de Independencia, en cuyo extremo Norte se sitúa una puerta que da paso a la calle peatonal principal, Sarandí, que atraviesa todo el casco antiguo. Si uno la recorre hasta el final, y gracias a la ligera elevación de esta zona respecto al nivel del agua, va viendo a ambos lados como las calles perpendiculares desembocan en el Río de la Plata. Por esta zona peatonal están los principales, cafes, restaurantes y algún que otro garito muy recomendable como el ya mencionado Ponny Pisador.

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En el margen Norte de la península está el puerto, en el Sur la rambla Francia, y en el extremo Oeste un muelle que se adentra bastante en el río, ofreciendo una buena vista de la ciudad a sus espaldas y un lugar perfecto para que los uruguayos vayan a pescar o a dar rienda suelta a una de sus mayores aficiones: sentarse a tomar mate.

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En cuanto a la plaza de Independencia, resulta bastante llamativo el contraste que forman el magnífico Palacio Salvo, en un extremo, con el edificio más feo que yo haya visto jamás, en el otro lado. El primero es una especie de torre medieval gigantesca, construida a principios de siglo, que llego a ser en su momento el edificio más alto de América Latina. El segundo una fachada deprimente y descolorida plagada de aparatos de aire acondicionado, más feo que los pies de otro…

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Y no da mucho más de sí Montevideo que, como decía, es pequeñito y tranquilote. Más alejado de la ciudad vieja está el barrio de Pocitos, que parece ser el centro más moderno de la ciudad, con su rambla paralela a la playa, boliches, shoppings y el (irónicamente?)denominado Word Trade Center urguayo, dos edificios iguales y “sólo” un pelín más pequeños que el tristemente recordado de Nueva York. Aquí una foto del mismo a la luz de la magnífica luna que me acompañó en todo este viaje.

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En fin, que la capital uruguaya es un lugar agradable y tranquilo (creo que es la tercera o cuarta vez que uso esta palabra). Poco tráfico, colectivos más modernos y menos ruidosos que los de Buenos Aires, y uruguayos amigables y pacíficos yendo de un lado a otro siempre con su termo de mate en la mano. Claro que esta imagen puede llegar a cambiar radicalmente un Viernes por la noche con la ayuda de unos rones en el Ponny Pisador. No era ese, sin embargo, el objetivo de esta visita…

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